Feliz Nuevo Año

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La Felicidad es Posible.

Una de las cosas que más me impresiona en los talleres y programas de coaching, liderazgo y trabajo en equipo que he realizado por todo el país en los últimos años, es la certeza de las personas de que el máximo logro al que quieren aspirar es la felicidad, felicidad para sí mismos y para los suyos. Cada vez que le he pedido a una persona que se conecte con su propósito trascendente, con aquello que más quisieran en la vida, comienzan hablando de estar tranquilos, de no tener problemas, luego a tener más tiempo para ellos y al poco andar traducen ese anhelo en una clara aspiración de felicidad. Pareciera ser que cuando la conversación se vuelve profunda, cuando realmente vamos a hablar desde la humanidad, nuestros anhelos de felicidad se vuelven una prioridad.

En estos especiales momentos, la claridad de lo que queremos, de aquello que verdaderamente necesitamos para alcanzar la plenitud de lo que somos como personas, como individuos, parece ser infinita, desde aquí, todo es transparente, la coherencia entre lo que somos y lo que queremos ser se vuelve sólida, tangible, alcanzable, queremos ser felices, que nuestros hijos sean felices, que nuestra familia, que el mundo… sea feliz, sin embargo llegado el momento de actuar, de tomar acción para hacer realidad lo que queremos, algo inusitado, inverosímil sucede…

Como esclavos que despiertan de imposibles sueños de libertad, volvemos a nuestras celdas, asustados por los miedos que nosotros mismos hemos creado, postergamos nuestros sueños y nos encerramos en extraños modelos de existencia, postergando nuestras posibilidades de ser, de celebrar la vida, de realizarnos, para “hacer aquello que a fin de cuentas estamos condenados a hacer, aquello que es “lo realmente importante”, , ser productivos, acumular riqueza, ser exitosos, necesitamos ser pragmáticos, trabajar duro, no perder el tiempo, ganarle a la vida, para que cuando llegue el momento, quizás, si tenemos suerte, al final de nuestros días, cuando ya nos quede poco o nada por entregar podamos verdaderamente, por un momento, hacer lo que siempre quisimos, ser quienes siempre quisimos ser, en fin vivir y ser felices.

Agobiados por la meta de llegar a ser alguien, nos olvidamos de ser nosotros mismos, nos olvidamos vivir el camino y de paso, cruelmente nos olvidamos de vivir, enfrascados en cumplir, en hacer lo que se nos pide o lo que hemos aprendido que debemos ser, nos confundimos y hacemos de la felicidad un destino siempre lejano, como un premio absurdo que sólo es posible ganar si pagamos con dolor el costo de vivir.

Quien dijo que ésta era la manera correcta de vivir, dónde aprendimos a traicionar nuestra plenitud, a renunciar a nuestros sueños, dónde aprendimos a someter nuestra felicidad, a vivir la vida desde la aspereza y la postergación. Hemos creado interpretaciones de la realidad, modelos, sistemas, estructuras de existencia y convivencia que nos ahogan, restringen y hasta cercenan nuestras posibilidades de realizarnos, y aun cuando en lo más profundo de nuestra humanidad sabemos que nos necesitamos unos a otros, optamos por empujarnos, excluirnos y competir hasta anularnos.

El colectivismo a ultranza donde toda individualidad se subsume en el grupo, en la masa, en la asamblea cayó con el Muro, en manos de sus propios hijos. Hoy, el mundo que conocemos, aquel que creímos había ganado la batalla, aquel que endiosa el mercado, la competencia y el individualismo comienza a caer también ante nuestros ojos, los descamisados actuales, quizás más jóvenes que antes se resisten a seguir con la locura de hipotecar sus vidas en un mercado que solo les pide y poco les da. Nuestro propio progreso, nuestra propia evolución nos transforma y nos lanza disparados hacia un futuro diferente, debemos cambiar, y nuestra mayor trampa es repetirnos.

Queremos construir otra manera de vivir, una donde haya un buen lugar para todos, una vida donde podamos realizarnos, donde podamos crecer, donde podamos ser felices. Sin embargo, le tememos al cambio, preferimos repetir el camino conocido, ese que inclina nuestra mirada, que nos encorva, hemos creado una vida que no nos gusta, que nos separa y que nos condena a la infelicidad, construimos nuestro destino individual sobre las espaldas de los otros y nuestra mayor tragedia en creer que eso es lo que hay que hacer, que eso es lo correcto.

Se imaginan si cada ser humano, decidiera conectarse con lo mejor de los otros, si eligiéramos construir desde y hacia lo virtuoso de cada uno de nosotros; se imaginan si dejáramos de competir, de excluirnos y comenzáramos verdaderamente a cooperar, a construir juntos.

Se imaginan si nos atreviéramos de vez en cuando a encontrarle la razón a los otro, se imaginan si le enseñáramos a nuestros hijos a amar lo que hacen, lo que estudian, lo que aprenden, en vez de obligarlos a ser los primeros a sacarse buenas notas; se imaginan si en los colegios del mundo enseñaran que el liderazgo es la articulación de los talentos y no la imposición de la voluntad sobre el otro; se imaginan un mundo donde el respeto por el otro sea el mayor reflejo de nuestra dignidad; se imaginan si nos atreviéramos a reconocer nuestros errores, a perdonarnos, si nos atreviéramos a confiar el uno en el otro, a dejar de autoengañarnos, a ser verdaderamente sinceros, a compartir, a ser justos…

Transformar nuestra vida, ser soberanos de nuestra existencia comienza con nosotros, con nuestra voluntad de estar presentes, de recuperar la mirada, comienza con la voluntad de crear puentes, de hacer lo que es humanamente correcto, con atrevernos a no vivir en el miedo, comienza con construir nuevos modelos , nuevos relatos sobre nosotros mismos.

La felicidad es posible porque depende de tí, de mí, de cada uno de nosotros.

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11 y 12 de Noviembre, II Conferencia Latinoamericana ICF

Estimados Amigos:
Deseo compartir con ustedes este evento de gran importancia para el mundo del coaching que se realizará en Chile.
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Gestión del equilibrio una plataforma para expandir la realización de las personas

Ansiedad, desazón, incertidumbre, agobio, son desde hace mucho tiempo, temas altamente recurrentes en la conversación actual, pareciera que la sociedad en que vivimos se definiera partir de estos conceptos, pareciera, nos guste o no, que sufrimos la vida, mas que vivirla.

El existir se nos aparece tantas veces como una maraña caótica de anhelos, intereses, expectativas y aspiraciones propias o adquiridas, necesarias o prescindibles, que se logran o se frustran a una velocidad vertiginosa como miles de estímulos bullendo, transformados en direcciones desencontradas, siempre inalcanzables, si gano en una, pierdo en otra, si tengo éxito en alguno de mis dominios pago el costo de fracasar en otros. Cada elección pareciera estar definida por un sacrificio y cada meta alcanzada por un renuncio.

¿Cómo construir la estructura esencial que nos permita gobernar nuestras vidas y ser soberanos de ella?, ¿cómo ser el cambio en medio del cambio y asumirlo como definición sustantiva de lo que somos?, ¿cómo hacer de la transformación inevitable la piedra angular de nuestra solides, de nuestra coherencia? Cambiamos, porque sabemos cambiar, porque somos capaces de aprehender constantemente de los mundos que creamos, de los mundos que destruimos, de los que dejamos atrás.

Gestionar el equilibrio humano, darle a nuestras vidas un propósito, una dirección cierta, un destino, pareciera ser la clave del éxito y de la realización, y por que no, de nuestra felicidad. Pero ¿cómo lograrlo, si todo cambia y cambia a un ritmo inagotable, y el mundo se deshace entre nuestras manos al mismo tiempo en que se constituye y se vuelve a deshacer? Necesitamos no pisar el abismo, si no navegarlo, ser en la mitad de la tormenta un timón, un puerto, un avión, necesitamos navegar el cielo desbocado como pájaros que conocen los vientos o marinos que aun borrachos de sirenas leen las estrellas, tenemos que ser nuestras propias naves, reconocernos como tales, sostenernos y crecer abrazados como boyas luminosas en la mitad del oleaje incierto.

Gestionar el equilibrio humano, es decidir el camino, trabajar con lo más preciado que tenemos, nuestra humanidad, aquello, que no es otra cosa que el encuentro amoroso de uno con sus otros. Allí es donde tenemos que actuar, el primer paso es reconocerse, reencontrarse, darse la oportunidad de mirarse de frente el espejo implacable de nuestros propios ojos, reconocer en ellos nuestros talentos y virtudes, así como nuestra infinitas carencias y celebrar quienes somos, reconocer en ese mismo espejo que no somos solos, que jamas lo seremos, que necesitamos a otro, a otros para constituirnos verdaderamente como seres humanos.

Desde allí, desde la humanidad de esa mirada, buscar nuestro propósito trascendente, aquello que queremos que defina lo que somos y lo que seremos en el tiempo. Aquello que por decisión nuestra y solo nuestra, será por siempre nuestro destino.

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Recuperando lo colectivo – Comunidades Virtuosas.

En algún momento de la época contemporánea, obsesionados por alcanzar el éxito, entendido este como la acumulación de un nivel riqueza económica que permitiera comprar la solución a nuestros problemas humanos, disociamos nuestra realización personal del establecimiento de relaciones de comunión con otros.

Es en ese minuto de la historia en que subordinamos las relaciones de creación social entre las personas a la funcionalidad exclusiva de cada propósito individual, aquí es cuando perdimos el rumbo, separándonos, postergando la construcción de comunidad, para un momento posterior a la obtención de la meta personal.

Siempre después, sin presente, sin presencia, con la esperanza de vivir después de la vida, al final, una vez que la tarea haya terminado, allí abrazaremos a nuestros hijos, a nuestros amigos, sabremos sus nombres, tendremos tiempo para amar, para reír, para ver las estrellas y escuchar al viento.

En esta interpretación de la realidad que construimos o aceptamos para nosotros, donde la felicidad es casi un acto de irresponsabilidad, aprendimos a desconfiar del otro, a sentirnos amenazados por los logros del vecino, a envidiar sus victorias y los otros aprendieron a desconfiar de nosotros a sentirse amenazados, aprendieron a envidiar nuestras victorias.

Construir comunidades virtuosas, es decir comunidades que se sustenten y desarrollen a partir de la gestión de su equilibrio como sociedades sanas, donde cada ciudadano tenga acceso relevante y concreto a posibilidades reales de crecimiento y realización, comienza por volver a mirarnos, a reconocernos nuevamente, o quizás por primera vez, como constructores de lo colectivo.

Esto implica encontrarnos en nuestra más profunda humanidad con el coraje de aceptar que nos hacemos, nos realizamos, nos constituimos también en el otro, en la pareja, en los hijos, en la familia, en los amigos, en los compañeros, en los vecinos, en fin en los otros. Es decir que nos constituimos en miembros de una comunidad en cuanto somos capaces de identificarnos en la relación que establecemos con el otro.

Esto exige reconocernos simultáneamente desde nuestra más pura individualidad como originales y diferentes y como semejantes en un todo social, soberanos constructores de puentes y catedrales, protagonistas esenciales en la creación de humanidad.

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En un mundo tan global buscamos un trato personal

Este artículo me pareció muy interesante, por eso lo comparto con ustedes.

Los nórdicos la llevan en muchas cosas. En tecnología son vanguardia y marcan rumbo, porque tienen dos atributos maravillosos como pueblos: son sociedades cohesionadas, e invierten fuerte en educación de calidad. Valoran la mirada de futuro.

Dinamarca, por ejemplo, con apenas 5,5 millones de habitantes, tiene un Instituto de Estudios Futuros, que analiza tendencias que influirán a nivel nacional e internacional. En vez de sólo estar preocupados de sus negocios hoy, los daneses observan el horizonte, elevan la mirada.

Uno de sus directores, Rolf Jensen, escribió The Dream Society (“La sociedad de los sueños”), libro en el cual habla de un nuevo concepto en economía. Explica que hace un par de décadas vivimos en la llamada era de la información, pero el próximo desarrollo es la era de los sueños. Se trata de un equilibrio entre lo racional y lo emocional: “No tenemos defensas contra una historia bien contada, porque va directa al corazón”. Nos dice que las personas no toman decisiones sólo por los beneficios intrínsecos de un producto o servicio, sino cada vez más por un valor agregado que satisfaga sus necesidades emocionales de aventura, amor, amistad, cuidado, identidad, tranquilidad o creencias.

Jensen cree que la materialización de los sueños es el móvil del desarrollo humano. En la actual era de la información, dice, valoramos los datos. En la sociedad de los sueños, los triunfadores serán quienes logren que los datos apelen a las emociones, a través de las historias vinculadas a sus productos y servicios. Es una tendencia que se basa en la percepción de que incluso un simple pan, si es asociado a una idea de salud o agricultura sustentable, es más apreciado que el que está en el canasto del lado. Todo esto refleja el Zeitgeist o espíritu de los tiempos: mientras más masivamente estamos comunicados, más personalmente queremos ser tratados.

Chile ha hecho un gran esfuerzo exportador. El país mantiene veintiún acuerdos comerciales con cincuenta y ocho países, nuestros productos llegan al 62% de la población mundial.

Gracias a eso, la participación de Chile en el total del comercio mundial ha subido del 0,27 al 0,47 % entre los años 2002 y el 2010. Pero sólo veremos avances cualitativos de desarrollo cuando mejoremos nuestro sistema de educación, en primer lugar; y cuando asociemos los productos chilenos a una percepción especial, que los haga confiables y, además, deseables.

Escrito por Karin Ebensperger para El Mercurio

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¿Gestión de emociones? (Invierno. Valdivia)

Recorrer el borde costero del río Calle-Calle en Valdivia, permitiendo que mi propia soledad filtre lo vivido y asiente mis aprendizajes, es como conectarse a una inédita música cargada de aguas milenarias e inmensos verdes. Hace pocos minutos ha concluido el modulo de liderazgo para Gestores Sociales de la Universidad de la Frontera, Diplomado en el que participo como relator. Ya todos se han ido y yo, esperando el vuelo que me llevará mañana a mi hogar, camino y camino tratando de retener cada sonrisa, cada sensación de este encuentro.

Han pasado ya varios años desde que comencé a realizar talleres de coaching ontológico y aún me impresiona la potencia conmovedora de las emociones humanas, aflorando en el inesperado encuentro entre personas que por un momento se hablan a sí mismas desde el alma, sin temor a exponerse, quizás con la sencilla esperanza de ser esta vez escuchadas.

Siempre imagino ritos ancestrales, donde, en primigenios círculos humanos, unos aprenden de la sabiduría pura de los otros y construyen mundos entre todos.

Aún no dejo de sorprenderme profundamente al ver a personas casi desconocidas entre sí, escucharse comprometidamente, desde un respeto no cotidiano, quizás desconocido para ellos mismos, cuando perciben que otro, sin temor a exponerse o mejor dicho superando ese miedo inconmensurable -con la simplicidad de lo verdadero- habla desde lo más suyo, para compartir aquello de lo que más sabe, aquello que le duele, que le hace feliz, lo que teme o entristece, aquello que anhela para sí mismo y para los suyos.

Ver a una persona emocionarse con la emoción del otro, escuchándolo en silencio hasta conectarse a él, reconociendo en una lágrima contenida, o hasta oculta, algo propio, algo inmensamente propio, reconociblemente humano, que lo hace parte de un todo y que le permite encontrarse como en un espejo con el reflejo luminoso del otro.

Ver a una persona encontrarse con otro desde lo humano, no sólo me da esperanza, creo que me hace mejor.

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El Gran Líder


El peor líder es aquel a quien las personas desprecian. Un buen líder es aquel al que las personas veneran. Un gran líder es quien hace que las personas digan: “Lo hicimos nosotros mismos”.


Lao Tzu, Tao Te Ching.

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Pobre Ambición

 

“Concentrar tu vida solamente en ganar dinero muestra la pobreza de tu ambición”.

B. Obama

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Gestión desde las personas: La empresa más allá del empresario.

Casi siempre los emprendimientos emergen desde un sueño, desde una idea, desde un chispazo creativo, que una persona, la mayor parte de las veces individualmente, lleva adelante. La capacidad de dar sustento a este sueño es sin duda uno de los pilares de su camino hacia la consolidación de un producto o una empresa. Con tesón, compromiso y, muchas veces, obsesión esa idea va trasformándose en relato, proyecto y acciones, cuya suma, lo aceptemos o no, es parte esencial de su destino.

Siempre podemos mirar este proceso desde los conceptos tradicionales y concentrarnos en glorificar el acto creativo en su más pura individualidad, como motor fundamental para conseguir el éxito del proceso de crear una empresa. Hoy celebramos con exceso y a mi juicio equivocadamente, el valor del empresario, del emprendedor, incluso del líder en cuanto individuo, centrando su potencia creadora en dicha individualidad, invisibilizando, sin darnos cuenta, la interacción vital con ese otro que acoge y que aporta la posibilidad de existencia y proyección para nuestros sueños.

Los productos, productos son, los servicios, servicios son, y tienen sentido en cuanto son sostenidos y proyectados al mercado a través de personas que se organizan para garantizarles un destino. A fin de cuentas el fin ultimo de todo emprendimiento, es llegar a otro que necesite y consuma aquello que se ofrece y eso solo es posible a partir del encadenamiento de interacciones humanas, es sobre esas interacciones que un emprendimiento puede constituirse en empresa, que un producto puede ser consumido, que un servicio puede ser prestado.

Todo impulso humano de creación, de construcción de realidad se constituye, también, en un otro que acoge, que se involucra y compromete con el producto y servicio que ofrecemos. Podemos imaginar y dar cuerpo al mejor y más útil, inteligente e ingenioso producto o servicio, pero si las personas no lo aceptan se perderán en el fracaso y el olvido, es más si no se crea una organización de personas que lo construya e instale en el mundo jamás llegará a destino.

No existe empresa ni producto si no existe interacción virtuosa entre personas, es más el éxito de cualquier emprendimiento, de cualquier empresa, de cualquier proyecto humano, depende de cómo esa interacción se constituya en los otros.

Sin embargo, rara vez celebramos esa interacción virtuosa en que un otro se compromete con mi sueño y me ayuda a potenciarlo, a hacerlo parte de la realidad, es más la mayor parte de las veces, menoscabamos y denigramos esa relación, reduciéndola a un interacción contractual, de mera funcionalidad comercial, en que suponemos que obtengo lo que quiero, solo por que pago por ello.

Muchos de los emprendimientos que se pierden, de las empresas que quiebran, de los equipos que fracasan llegan a ese destino porque no fueron capaces de gestionar desde las personas, de articular sus talentos, de considerarlos en cuanto tales, conformándose sólo con administrar los recursos “Humanos”. De esta manera las personas pasan a ser sólo empleados, funcionarios, clientes o proveedores y no seres luminosos, intensamente ricos en posibilidades, que al conectarse entre sí generan una red vital de acciones y encuentros, en el que en realidad puede realizarse el propósito que con tanto anhelo buscamos.

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Comunicar es crear humanidad

La primera vez que escuche la frase “comunicar es crear comunidad” algo se gatilló en mi cabeza , por sí mismas esas palabras significaban dejar atrás una práctica comunicacional restringida a productos, metodologías o estrategias y colocaba la importancia en las personas, quien pronunciaba estas palabras que tanto sentido me hacían era un antiguo amigo, Mauricio Tolosa que efectivamente conocí creando comunidad en tiempos más políticos que éstos, él de connotado dirigente estudiantil derivó lúcidamente primero en experto en comunicaciones y luego por propia definición en Comunicólogo y yo en el Coaching Ontológico,

Han pasado muchos años y la frase continua deslumbrándome, y aun cuando hoy me parece insuficiente la reconozco cargada de lucidez, por eso me permitiré parafrasearla, apoyarme en ella para saltar hacia este presente tan cargado de futuro en el que habitamos y afirmar que: “comunicar es crear humanidad”.

Hoy, cuando sumidos en extremos individualismos y en confusos relatos mercantiles, que todo lo reducen a ganancias pecuniarias, en que creemos constituirnos en el mundo por lo que tenemos o ganamos y no por lo que compartimos o entregamos, donde hemos permitido que nos convenzan que competir con el otro, sobrepasarlo, sacarlo del mercado es la única manera de tener éxito, de ser feliz, donde el otro es permanentemente sospechoso de nuestra inseguridad y finalmente contendor o enemigo, crear humanidad es un desafío ineludible.

Día a día nos sorprendemos intentando imponer a otros nuestra verdad, distorsionados no conversamos para entendernos sino para ganarle al otro, para instalarnos como primeros y refocilarnos en tener la razón con el único objetivo de quedarnos con la última palabra. Que primitivo ¿no?

Es cierto, comunicar es crear comunidad pero ésta se funda más allá de los instrumentos comunicacionales, de los contenidos o las intenciones, se funda en los gestos humanos de reconocimiento al otro como “legitimo otro”, en el establecimiento de la confianza como sostén de las posibilidades de encuentro y entendimiento. Sin confianza, sin reconocimiento, sin respeto la comunicación con el otro emerge distorsionada y se bloquea a sí misma.

Cuántas veces nos negamos a escuchar al otro, cuántas veces nos negamos siquiera a entender al otro, descalificando de ante mano su relato, anulando el contenido de su discurso, transformándolo en sonido sin sentido por que no pertenece a nuestro grupo, por su color de piel, o de sus ojos, por su pelo, por su acento, por su educación, por su porte, por su etnia, por su sexo, por su religión, por su país , por su barrio, por ser pobre, por ser rico…….

Disparados en una competencia sin sentido nos anulamos unos a otros creando interpretaciones fantasiosas sobre como nos entendemos como seres humanos, rezándole a un dios misericordioso mientras construimos muros de desprecio entre nosotros.

Crear humanidad es crear comunidad, es construir con el otro una posibilidad de futuro, es crear confianza, reconocer al otro desde el respeto, desde la celebración de sus capacidades es permitir que el otro que me reconozca y articularnos en un habitar común, para crear un mundo, una manera nueva de entendernos. Crear humanidad es apostar a constituir el tejido social que te sostenga y de sentido a tu existencia, un tejido social que te acoja, que te proteja y que te impulse junto a los otros hacia el éxito, la realización y la felicidad.

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La Batalla Interior

Quisiera compartir con ustedes un texto que encontré en el libro Las Enseñanzas de un
Guerrero de Marc Boillat, en el se reflexiona sobre la filosofía samurai entendida esta
como un camino hacia la perfección, a través de la más ardua de todas las batalla, la
batalla con uno mismo; Donde el ejercicio del equilibrio interior se transforma en el
arma más efectiva para combatir la violencia, la temeridad y el descontrol.

“Vigila tus pensamientos; se convierten en palabras.
Vigila tus palabras; se convierten en acciones.
Vigila tus acciones; se convierten en hábitos.
Vigila tus hábitos; se convierten en carácter.
Vigila tu carácter; se convierte en tu destino.”

De Frank Outlaw

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Conversaciones públicas/conversaciones privadas.

Han pasado años y aun me duele no haber dicho, “no te vayas, quiero que te quedes, no importa lo que haya pasado yo te quiero”, y sin embargo guardé silencio, un estupido y soberbio silencio que sólo interrumpí para decir, “es tu decisión, tu veraslo que haces, pero atente a las consecuencias”, quería decirle que no se fuera que no quería perderla y de mi boca solo brotaban amenazas, empujones verbales que sólo la alejaban aun más, cerrando cualquier posibilidad de retenerla, quería acariciarla pero cada palabra mía la agredía, le hablaba como si no me importara, como si lo que estaba pasando no me incumbiera, ella se fue para siempre

Durante muchos años yo la culpé, por no haber intentado quedarse, por no haberme escuchado por no haberme dado una oportunidad. Durante todos esos años yo confundí mi dialogo interno, aquel donde le pedía, aquel donde expresaba mis verdaderas emociones con lo que realmente había dicho, aquello que verdaderamente expresaba públicamente. Esta misma práctica se repitió una y otra vez no sólo en temas de pareja sino en muchos aspectos de mi vida. Así, por ejemplo, durante mucho tiempo me relacioné con mis hijos o con mi familia a través de ordenes perentorias o castigos disciplinarios, en vez de decir lo que sentía, aquellos argumentos que en el más profundo de los silencios me repetía, gritaba en vez de compartir con ellos lo que realmente pensaba, agredía en vez de expresar cariño o en el mundo de los negocios donde me involucré en sociedades comerciales que fracasaron y de las que pude haberme apartado a tiempo si sólo hubiera sido capaz de ser coherente entre aquello que pensaba y lo que finalmente terminaba expresando. En mi conversación privada mi intención era ser franco, llano, asertivo, eficaz y en mi conversación pública terminaba siendo ambiguo, enredador, interesado o complaciente.

Diálogos como éstos aparecen reiteradamente en mis relatorías de coaching ontológico, liderazgo y trabajo en equipo, y la mayor parte de las veces están directamente asociados a innecesarios desgastes personales, a la frustración y al sufrimiento, así como a la ineficiencia y la improductividad, en el mundo de la empresa, por ejemplo, la distancia entre lo ofrecemos y lo que realmente entregamos, puede ser decisiva no solo en la colocación de nuestro producto o servicio si no por supuesto en la retención del cliente y por ultimo en el éxito de nuestro emprendimiento, perdemos tiempo, dinero y dejamos que nuestra realización se nos escape entre las manos, porque ignoramos o lisa y llanamente nos negamos a entender que establecer coherencia entre nuestro discurso público y el privado es algo más que una referencia a un comportamiento honesto yconsecuente que deben asumir aquellos que ostentan un cargo público o algún tipo de representación. Estrechar la distancia entre nuestro discurso privado y su expresión pública, no solo es un efectivo canal de transparencia y entendimiento colectivo,sino también una eficiente herramienta productiva que nos aleja de comportamientos confusos y nos devuelve el control de nuestras acciones, permitiéndonos ser soberanosde nuestras decisiones, haciéndonos dueños reales de nuestra identidad y de nuestros logros.

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Honrar los compromisos

Hace ya algunos unos meses, unas semanas después del terremoto que azotó a Chile, en medio de una exposición donde participaba como relator en temas de  coaching para el liderazgo y trabajo en equipo, dictado por el IDER de la Universidad de la Frontera realizado en Villarrica en la mitad de la región de la Araucanía, Claudia una joven socióloga levantó la mano y amablemente solicitó nuestra atención, en ese momento analizábamos el tema de las emociones vividas durante y con posterioridad al terremoto y su impacto en los propios procesos profesionales, momentos antes revisamos imágenes de sucesos que reflejaban cómo los chilenos recorrieron en pocos días, quizás en horas desde el miedo inmenso, la angustia, el desconsuelo y el desamparo hasta la solidaridad impresionante del ayudarse unos a otros, al valor de sobreponerse a la impotencia, pasando también por la indignidad y la vergüenza que significaron los saqueos, el abuso y el descontrol.

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A celebrar la vida… ¿Qué decimos cuando decimos?.

Cuántas veces al despertar en la mañana y correr las cortinas de nuestra habitación se han dicho, “que lata está nublado, va a estar feo el día” sin preguntarse, qué es lo que  de verdad hace que un día  sea bonito o feo, o porqué un día nublado tiene que ser necesariamente feo.

Imaginémonos que no sólo está “feo,” sino que además la mañana se anuncia fría y a lo lejos oscuros nubarrones encapotan el cielo, capaz que llueva, ….. es decir el caos, lloverá todo el día, me mojaré, se mojarán todos.

Imagínense ahora, caminando al trabajo sintiendo el cálido y acogedor abrigo de la bufanda, al mismo tiempo que una delgada y fría brisa se cuela  hasta nuestras mejillas, que nos hace  revivir, que se toma el camino y nos acompaña como cuando en  pasados días, tan fríos como éste, buscábamos abrigo tomados la mano o abrazado a alguien, viviendo intensamente el presente o tan solo vuelvan a verse caminando solos bajo una incipiente lluvia, apenas protegidos por un viejo y elegante paraguas amarillo, pensado entusiasmados en enhebrar futuros mejores.

De semejante manera, cuántas veces se han escuchado diciendo, no puedo, no voy a lograrlo, aceptando la opción de un día que declararon feo casi sin mirarlo, sin buscar alternativas, condenándose a la imposibilidad de actuar, de decidir soberanamente cómo quieren vivir sus vidas.

 La decisión de cómo vivir está siempre en nuestras manos.

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6 de noviembre Taller “GESTIÓN DEL EQUILIBRIO, PARA EL DESARROLLO DEL TALENTO PERSONAL Y LAS HABILIDADES ESTRATÉGICAS”, Centro de eventos Santuario del Río, Cajón del Maipo

Los vertiginosos y permanentes cambios que definen a la sociedad globalizada en que vivimos, exigen de los individuos, cada vez con más premura, el desarrollo de nuevas habilidades y competencias, que les permitan habitar en el mundo, sin renunciar a sus opciones de realización, éxito o felicidad.

Las conversaciones contemporáneas sobre coaching, liderazgo, trabajo en equipo, gestión de redes, aprendizaje y desarrollo personal nos proponen una plataforma de conceptos que, desde lo vivencial, enriquecen y posibilitan el encuentro con conocimientos que atisbamos en nosotros mismos y presentimos como encuentro con otros.

Realizase, tener éxito y ser felices son desafíos irrenunciables para quien busca una vida plena, para sí mismo y para los suyos, sin embargo, las herramientas para alcanzar dichos propósitos se confunden en el trafago del existir cotidiano, enmohecidas, arrumbadas y/o desvalorizadas en medio de interpretaciones y creencias que, aunque legitimas, ya no responden a las necesidades del mundo contemporáneo.

Encontrarnos con nuevas prácticas, con nuevos diálogos, que permitan innovar en el aprendizaje y la emergencia de habilidades estratégicas, que potencien nuestro crecimiento como individuos y amplíen la construcción de sentido para nuestro habitar en comunidad, es hoy un imperativo para la proyección de nuestras vidas.

Por ello, quiero invitarte al Taller Gestión del Equilibrio, para el desarrollo del talento personal y las habilidades estratégicas que realizaré el día sábado 6 de noviembre del presente de 9:00 a 19:00 hrs. en el centro de eventos Santuario del Río, ubicado en el Cajón del Maipo.

El taller está dirigido a personas, empresarios, profesionales y emprendedores que quieran potenciar sus competencias y adquirir herramientas efectivas para alcanzar la realización de sus proyectos.

Esta experiencia permitirá a los participantes conocer e incorporar, a través de trabajo en sala y ejercicios outdoors, los fundamentos de un modelo de liderazgo personal, comunicación efectiva y trabajo en equipo basado en la ontología del lenguaje y el coaching para la acción.

El Taller tiene un valor especial de $ 90.000 pesos y está diseñado para un cupo limitado de participantes. Por lo que te pido confirmes tu participación con francisca al e-mail:  coaching.av@gmail.com o fono: 09895 90 67

Te esperamos

Andrés Venegas C.
Coaching/Talento/Liderazgo
www.andresvenegas.com

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Cuando escucho, escucho y en ese acto rondan un sinnúmero de universos paralelos que están ahí, listos para que los tome y genere “las nuevas realidades”.

….Había sido cuando menos lo quiso, cuando al cabo de tantos y tantos años de ilusiones estériles había empezado a vislumbrar que no  se vive, qué carajo, se sobrevive, se aprende demasiado tarde que hasta las vidas más dilatadas y útiles no alcanzan para nada más que para aprender a vivir…

El Otoño del Patriarca Gabriel García Márquez

 

Esta es la parte que más me gustó de un libro que fue una tortura leer, lo leí como 100 veces antes de llegar a esa parte, han pasado más de 20 años de haberla leído, aun me hace sentido,  me parece grandioso.

La verdad es que tengo que escribir un relato de cómo ha pasado este año 2009-2010 junto a mis sesiones de coaching, debo enfocarme, concentrarme y no puedo… es difícil para mí expresar por escrito lo pasado.

Hoy la vida me sonríe y yo le sonrío a la vida, estoy bien me siento bien y agradezco a la divinidad por cada día que pasa. Trato de recordar cómo estaba hace un año, cuando partí con este entrenamiento del lenguaje, las cosas que más me gustan son las declaraciones del lenguaje que hacen que nuestra realidad cambie.

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Siempre un acuerdo injusto será perjudicial tanto para quien lo ofrece como quien lo acepta

Cuantas veces, apremiados por la necesidad o el exceso de entusiasmo, hemos aceptado un trato que sabemos injusto o al menos insuficiente, esperanzados por la promesa de un beneficio futuro que nunca  llega y hemos terminado frustrados al no alcanzar nuestras aspiraciones o peor aún, sintiéndonos desvalorizados por un sueldo insuficiente o maltratados por una desmedida carga de trabajo. Con dolor confirmamos que la mayor parte de las veces que aceptamos un acuerdo desequilibrado la respuesta real no es mayor compromiso ni más productividad, si no muy por el contrario, ansiedad,  desgano y  falta compromiso y a fin de cuentas frustración y rabia, pues quien acepta cubrir necesidades concretas o expectativas futuras  con muchas promesas  y pocos pesos, no sólo se autoengaña si no que compromete a su entorno y atenta contra su propia credibilidad profesional.

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¿Por qué nos pasa lo que nos pasa?

“¿Por qué me pasa lo que me pasa? ¿Por qué me ocurre esto justo a mi? ¿Que he hecho yo para merecer semejante castigo?” Nos preguntamos sin cesar esperando que alguien, no importa quien, se haga cargo de nuestras desgracias, de nuestros problemas.

Sin darnos cuenta nos negamos a entender que es allí mismo, en esas preguntas, en esa espera de un culpable, de un responsable ajeno a nosotros, en esa manera de enfrentar la vida, donde reside la verdadera tragedia. Asumimos que no somos nosotros mismos los primeros responsables de nuestros actos. Sin darnos cuenta radicamos el poder de las soluciones en ese alguien a quien culpamos de aquello que nos sucede o de quien esperamos, sin pedirlo siquiera, que se haga cargo de nosotros.

Y allí quedamos mascullando nuestro infortunio, transformados por nuestra propia decisión, en victimas del mundo, sometidos a la imposibilidad de cambiar nuestro destino, porque ya no es nuestro. Sin darnos cuenta lo hemos dejado en manos de otro, otro que la mayor parte de las veces no sabe de nuestros quiebres, otro al que nunca le pedimos que aportara a la solución que necesitábamos o que asumiera la responsabilidad que nosotros creemos que le corresponde. Otro al que probablemente ni siquiera le importe lo que nos suceda.

Podemos condenar nuestra vida a responsabilizar a otros de nuestro destino, sumiéndola en la queja y el reproche constante, desgastando nuestra existencia en la búsqueda de excusas y culpables, o  tomar en nuestras manos el presente y el futuro de nuestra existencia recuperando para nosotros la soberanía de nuestras decisiones y la responsabilidad de su ejecución.

Cada uno de nosotros tiene la oportunidad de construir el mundo en el que desea vivir, si acepta y asume  protagonismo en cada una de sus acciones.

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TESTIMONIO: La Terapia De La Acción

“Siempre creí que el coaching era simplemente una terapia de shock en que a uno lo hacían exponerse a situaciones que uno quería superar. Ahora que llegué por circunstancias del destino a las sesiones con Andrés, lo veo como una instancia completamente distinta.

“Cambiar la posición del observador”. Eso es. Mirar las cosas de forma distinta y relacionarse con las personas y el entorno a escala humana. Es escuchar al otro y al entorno y simultáneamente buscar dentro de uno mismo un lenguaje propio que establezca el dialogo.

Es hacer dialogar en sintonía la emoción, la acción y el lenguaje. Comunicar en forma activa y no quedarse pegada en la idea, en el deseo. Es caminar con más claridad hacia nuestros objetivos.

Es ver nuestros temas difíciles en su justa dimensión. La nada en la inmensidad del Universo.

Lo más maravilloso, es que es un viaje que comienza en nosotros mismos y termina en cómo nos relacionamos con los otros. Es un viaje tan personal que finalmente tiene una significancia distinta para cada coachee, y nos lleva a la gran libertad de no tener maneras ni formas preestablecidas.”

Maria Pía Aqueveque – Economista, experta en Organización Industrial y Políticas Públicas – Coachee de Andrés Venegas desde julio de 2010.

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“Para que pueda surgir lo posible…

…es preciso intentar una y otra vez lo imposible.” – Hermann Hesse.

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Sobre el miedo, el lenguaje y la responsabilidad

Dedicado a Claudia Kelly

Como saben, hace ya algunos años viajo regularmente a la región de la Araucanía
en el sur de Chile. El trayecto hasta Temuco dura un poco mas de una hora y la mayor
parte de las veces el vuelo es tranquilo lo que me permite dar una revisión final a mis
presentaciones, repasar notas o simplemente hojear un buen libro. Precisamente en
eso estaba cuando antes de despegar, la voz tranquila del capitán del avión nos dio la
bienvenida y, de paso, sin más nos comunico que debido a las malas condiciones del
clima, en la primera etapa del vuelo tendríamos un poco de turbulencia. Junto a mí, una
esbelta y bella mujer de unos 35/40 años exhaló un leve suspiro. Yo por mi parte pensé que era
“preocupante”, al tiempo que sentía un pequeño tirón en el estomago, uno de esos
que me da cuando me asalta algún temor. Miré de reojo a mi acompañante, quien miraba
por la ventanilla, quizás con la vista fija en los motores, afirme con fuerza el libro que
llevaba y continué con mi lectura.

Efectivamente, poco después de que el avión se elevara el vuelo se puso más áspero y al
poco andar, definitivamente rudo. Nunca me ha preocupado mucho la turbulencia pero
ésta estaba un poco mas allá de lo acostumbrado. Ya no leía y trataba de mantenerme
en calma. Miré a mi compañera de asiento y la vi desencajada realizando enormes
esfuerzos para estar tranquila, su cuerpo tenso buscaba desesperadamente un lugar
estable en medio de las sacudidas del avión, sus manos se aferraban con fuerza a
los brazos de su asiento y su espalda buscaba apretarse al respaldo como a un muro
inexistente que más que apoyarla, la devolvía al caos. Una sacudida más y sentí mi
propio miedo, yo también me aferraba al asiento y trataba infructuosamente de
representar una calma que, al igual que ella, yo tampoco tenía.

Comencé a hablarle y trate de sonreír, de apaciguar mi respiración. No sé qué dije, pero ella comprendió el código y aceptó mi charla que en medio de ese torbellino de tortuosas sacudidas aparecía como un imprevisto refugio para ambos. Hablamos ansiosamente hasta que alcanzamos la estabilidad. El lenguaje nos envolvió grata y protectoramente, conversamos de lo que hacíamos y de quiénes éramos, de nuestros hijos. De improviso me miro fijamente y tan suave como inquisidoramente me dijo “Gracias”. Guardó silencio unos segundos y luego me pregunto “Tú también sentiste miedo ¿no es cierto?”. Una pequeña sacudida escondió mi respuesta y descendimos.

Ya en el aeropuerto de Temuco al despedirnos, volvió preguntarme, como queriendo confirmar algo
sumamente importante, si yo como ella había tenido miedo. Esta vez sin dudarlo contesté que sí. Sonrió y sentí cómo me estrechaba afectuosamente con su mirada.

Ya han pasado varios días de esta experiencia y yo aún tengo la grata sensación de que
algo extremadamente bello e intenso me había pasado. En la mitad del cielo sacudidos
con violencia por la incertidumbre y la angustia, dos desconocidos habían asumido
la responsabilidad de apoyarse uno a otro, de hacerse cargo gratuitamente y con
sinceridad del agobio y la intranquilidad que inundaba al otro, regalándonos no sólo
el valor necesario para vencer nuestros miedos, sino también la luminosidad de una
profunda comprensión y el más humano de los respetos.

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Reinicio



Estimados amigos:

Nuevos aires, nuevas energías me impulsan a escribirles. Estoy
reiniciando este blog, del que he estado tanto tiempo ausente, para volver a compartir
con ustedes los aprendizajes que nuestras vidas nos deparan y colaborar en la apertura
de esas conversaciones de futuro que tanto nos enriquecen.

Quiero que me permitan acoger nuevamente sus siempre potentes opiniones y experiencias, así como aportar, tanto desde mis prácticas de coaching, como desde los programas de liderazgo, trabajo
en equipo y gestión de redes que continuamente estoy realizando.

Y para reiniciar quiero contarles los motivos de mi ausencia, ¿es lo justo no?
Hace ya infinitos meses murió mi padre y aunque la suya fue una buena muerte, nos tocó a
todos en la familia de distinta manera. Algunos lloraron mucho y quizás lloran
todavía. Yo no lloré. Vivimos juntos sus últimos años y en ese tiempo nos conocimos
en una intimidad de padre e hijo, de hombres mayores que se quieren en silencio y nos
perdonamos lo que teníamos que perdonarnos.

Ese “acompañarnos”, ese “cuidarnos” que tuve la oportunidad de vivir en sus últimos años, me dejó tranquilo al momento de su partida. Nada pareció cambiar en mí, hasta que descubrí que me costaba mucho escribir, mas bien que no quería escribir y aun más, la verdad era que no podía escribir. El luto
había llegado y tenia que vivirlo.

Ahora he vuelto, mi luto terminó, estoy contento y puedo continuar.

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DONDE ESTABA – DONDE ESTOY

Ricardo Testa en Taller Outdoor de Coaching- Este artículo fue enviado por Ricardo Testa, coacheé de Andrés Venegas, empresario gastronómico, esposo y padre de 3 hijos quien autorizó su publicación en este blog, para que otros conozcan su experiencia en el coaching -.

Hace un año y medio llegué a la oficina- estudio de Andrés Venegas, venia recomendado por mi siquiatra  Benjamín Izeckson, con quien seguía un tratamiento por una supuesta depresión, causada por  mi incapacidad de salir delante de una situación económica muy difícil y que me tenía con un estado de ánimo deplorable. La vida me pasaba y yo pasaba por la vida

El (mi siquiatra) después de un par de meses de asistir a sus sesiones me indicó que – por su experiencia  y conocimientos-  pensaba que yo no tenía ninguna enfermedad  mental ni dificultades siquiátricas y lo que yo necesitaba era conversar con  un profesional que me hiciera “Coaching”, fue la primera vez que escuchaba  de eso  y  decidí confiar en su consejo.

Hoy, con la distancia y la perspectiva que da el tiempo, pienso que es uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida y me hizo entrar en  un mundo desconocido pero fascinante,  que le dio un giro dramáticamente positivo a mi vida.

Cuando inicié mis sesiones de conversación con Andres Venegas,  “mi coach”,  me invadían emociones tan negativas como el resentimiento y la frustración, y estaba resignado a que eso era parte de mi vida, lo que cargaba en mi mochila y llevaba a todas partes. Lo primero que me pidió fue un relato sobre mi vida, mis éxitos, mis fracasos, mis logros y mis perdidas.

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Para compartir con ustedes, una parte de lo que es para mi el coaching y que pude ver en cada uno de ustedes

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¿Por qué voy a coaching?

Este es un artículo originalmente escrito por Emilio Filippi en su blog personal.

Siempre me ha llamado la atención, siguiendo la historia de amigos o conocidos, que en más de una oportunidad llega ese momento especial, particularmente difícil en la vida de una persona. Ese verdadero abismo (hice un post sobre el libro El Abismo de Seth Godin), que puede muchas veces inmovilizar, generar angustia y tener esa sensación de “cambio de piel” dolorosa, intensa.

La crisis de los 7 años de matrimonio, o la de los 40. La quiebra. La separación. Los duelos. Y la vida sigue. Pero ya no fluye como hasta ese punto. Llega ese momento donde realmente uno debe tomar decisiones importantes, cambiar ciertas prácticas. Como dijo Albert Einstein: “No podrás resolver los problemas que tienes hoy pensando de la misma manera que pensabas cuando los provocaste”.

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¿Condenados por el éxito? o ¿Cómo hacerlo mal sin necesidad?

Los mejores liderazgos, los equipos más competentes, los compañeros más leales de un emprendimiento sucumbirán inevitablemente ante el agotamiento y la falta de reconocimiento, por ello, en las organizaciones comprometidas con el éxito se hace imprescindible gestionar equilibradamente los esfuerzos.

Quien se compromete obsesivamente con la meta sin considerar los talentos y las verdaderas capacidades de quienes lo acompañan en sus desafíos, está condenado al fracaso. Cuando una meta se cumple a costo del desgaste irracional del equipo de trabajo, celebraremos una vez, quizás dos o hasta tres veces, pero habremos hipotecado la cadena de éxitos, necesaria para sostener el futuro de la organización.

Los líderes de hoy saben o deben saber, que los horarios imposibles, los retos destemplados, las desoladoras angustias, las corrosivas sensaciones de fracaso que sufren los equipos de trabajo y sus conductores son casi siempre reflejo de un pedido inverosímil o desinformado, de una auto impuesta inflexibilidad o de la incapacidad personal de decir o aceptar un “no” responsable por respuesta. Así, como quien consume desmedidamente las horas y las fuerzas de una organización con el fin de alcanzar, sin importar los costos, las metas más inmediatas debe saber que está comprometiendo recursos que le pertenecen al futuro de su propio emprendimiento.

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Talentos de Invierno: Aquello que naturalmente hacemos bien.

Talentos de Invierno: Aquello que naturalmente hacemos bien

Cuando le pregunte a Valentina, joven socióloga chilena experta en competencias laborales, sobre aquello que realmente le haría sentirse una persona maravillosa, se perturbó notoriamente, la tristeza irrumpió en sus ojos y un silencio profundo la habitó de pies a cabeza, bajó la mirada por un instante interminable y luego, sin dejar de mirar el piso, dijo:

“Hace algunos años, antes de trabajar en el diseño y ejecución de políticas públicas, estuve empleada en una empresa donde trataba directamente con personas, podía ver sus rostros, conocía el nombre de aquellos a quienes servía, compartía con ellos sus logros, sus fracasos, entonces era enteramente feliz. En ese tiempo, las horas se me pasaban volando, de una u otra manera todo resultaba, me sentía bien, maravillosamente bien. Lo que más me gustaba era que con facilidad lograba la ayuda de las personas y juntos vencíamos desafíos que parecían imposibles. Sí, era buena en lo que hacía, cada esfuerzo, cada logro me hacía sentir una persona maravillosa.

Hoy, me gusta lo que hago, se que mi trabajo apunta a generar bienestar y es importante para las personas, se que lo hago bien, pero no se si era ésto lo que quería para mi: computador, teléfono, escritorio, reuniones, computador….decisiones teóricas, que inevitablemente siento diluirse en procesos interminables, echo de menos trabajar en cosa concretas, tareas en que pueda ver en el rostro de los otros los resultados de mi gestión”.

¿Sabes lo que realmente te haría sentir una persona maravillosa?.. volví a preguntar. “Si, claro que sé”, me dijo riendo, luego me abrazó cálidamente, me miró sonriendo y se fue.

Hace ya varios meses que Valentina fundó junto a otros compañeros su propia empresa de asesoría directa a personas.

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La culpa no es mía, ¿cierto?

Cuando terminé de exponer sobre la capacidad de decir “NO”, la mayor parte de los asistentes al programa de coaching gerencial, que dicté hace unos meses atrás en la ciudad de Antofagasta, me miraban con una expresión rara, mezcla de aceptación e incredulidad. Cuando inquirí sobre el sentido que les hacia lo que habían escuchado entendí lo que pasaba.

Primero, constaté que el grupo estaba conformado por jefes y ejecutivos de alto nivel, primeras y segundas líneas se denominaban entre ellos, y si bien, desde su individualidad, todos coincidían en que hacían un uso eficiente de esta capacidad, a su vez, estaban de acuerdo con que su uso dependía de la posición que ocupaban dentro de la organización, así como, de la autoridad que tenían al interior de ella para ejercer su derecho a decir que NO.

Definitivamente, ninguno consideraba que el NO de un hijo valía lo mismo que el NO de un padre, uno estaba cargado de inexperiencia y el otro lleno de responsabilidad, me explicaban. Prácticamente nadie estaba dispuesto a permitir ser contradicho, ni mucho menos a aguantar la desobediencia.

Cuando trasladamos la conversación a su propio desempeño al interior de la organización, empezaron los ajustes y las explicaciones, lo que servía en algunos casos, no se podía aplicar en otros. No es lo mismo, me decían unos, “en la pega uno tiene que saber agachar el moño” o “haces lo que te piden o te echan”, “en la pega o cumples o te vas” La diferencia fundamental entre ellos, era sólamente que unos ejecutaban ordenes y los otros las impartían.

Así vivimos, sin darnos cuenta, de cómo construimos nuestro habitar en el mundo, mientras la mayor parte de los ejecutivos sentían temor de decir NO y aceptaban peticiones desmesuradas y hasta inverosímiles de sus superiores, por temor a ser mal evaluados o peor aún ser despedidos, los jefes interpretaban su uso como una herramienta para hacer cumplir, para obligar. Ninguno se preguntaba ¿Cómo ser más eficiente?, ¿Cómo producir mejor?, estaban atrapados por prácticas enfermas, repetidas por años, determinadas por interpretaciones, que asocian la eficiencia y los resultados al sumiso sometimiento, al temor y no a la emergencia del talento y el compromiso con la propia realización.

En alguna esquina del camino aprendimos a tropezar, en alguna otra aprenderemos a volar.

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La Soberbia

Pecado Capital

Uno de los principales y más nefastos enemigos del liderazgo en cualquier organización, y por supuesto, en la construcción del propio destino es creer que la tarea, la obligación profesional, la identidad personal de un gerente, un director o un ejecutivo de alto nivel es saber más que los demás, creer que el rol que se juega para la empresa o institución es dar siempre las verdaderas y únicas respuestas a todos los conflictos, a todos los desafíos y además hacer ésto desde la propia, exclusiva y original interpretación de la realidad, asentando su autoridad en la sabiduría iluminada del que todo lo sabe y a nadie necesita.

Así, se esconde una concepción primitiva del liderazgo, llena de inseguridades ancestrales, machistas y burdas que exige probar una y otra vez que para conducir a otros debo ser mejor que ellos en todos los ámbitos, desgastando a quien conduce en una tarea imposible y sin sentido.

La mayor parte de las veces, las personas que tienen este comportamiento caen con facilidad en la descalificación de su interlocutor, enrareciendo la conversación y la sana argumentación, con juicios tóxicos y conversaciones miserables. “No saben, son ignorantes, vienen de universidades de poco prestigio, los de regiones no saben nada. no entienden lo que pasa aquí en la capital, son jóvenes, ya están viejos, no hablan inglés” Interpretan las tareas de los otros como meras operaciones prácticas, restándole valor a cualquier aporte y alejando a la organización de su mayor riqueza, la inteligencia y la creación continua de conocimiento de su gente.

Así, sumidos en la ceguera de la soberbia, se somete a la organización y a sus equipos a conversaciones improductivas, que la desvían de su propósito trascendente de servicio y creación de valor, sin darse cuenta que la clave de su destino está en construir futuro, a partir de encontrarse en el presente con lo mejor de los otros.

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Y dale con el talento

En todas las personas existe talento y, tras él, un sinnúmero de destrezas y habilidades cuyo desarrollo nos puede hacer grandes.

Tan sólo ayer conversaba con Manuel, un brillante y exitoso empresario de Valparaíso con quien trabajo en temas de liderazgo, quien me hablaba del talento que tenía el menor de sus hijos, de apenas 15 años, admiraba su destreza en el manejo del computador, sobre todo en la composición de imágenes digitales y diseño de juegos electrónicos, siempre trataba de estimularlo pero por otro lado estaba profundamente preocupado por sus notas del colegio, allí no le iba muy bien, en la mayor parte de los contenidos tenía varias notas bajo los promedios de suficiencia, no se concentraba y no obtenía los logros esperados para él.

Juntos indagamos qué pasaba, por un lado, vimos su legítima preocupación por el futuro del chico. Manuel, creía sinceramente que a través de sus talentos su hijo podía crecer y llegar muy lejos, pero para ello tenía que preocuparse, cumplir con las obligaciones del colegio y desarrollar las materias importantes en las que el niño parecía no poner atención; es más, derechamente no se hacia responsable. Por ejemplo, me decía “tiene que aprender que las cosas cuestan, que no se dan de un día para otro, que hay que ser sistemático, que hay que concentrarse, que hay que cumplir con las metas y llegar al objetivo”

Lo invité a mirar (“a escuchar” decimos en el coaching) ese talento, a pasar mas allá del evidente virtuosismo del muchacho y juntos descubrimos con asombro y alegría que cuando se instalaba a digitalizar sus imágenes pasaba horas sumido en una profunda concentración, que en cada pieza que realizaba se preocupaba de cada detalle con obsesivo perfeccionismo, con paciencia se hacia cargo de cada espacio, equilibrando los colores, no descuidaba el dramatismo de cada figura y no daba por terminada la obra hasta estar seguro de que era excelente, y es más constatamos que cuando le quedaba como él quería se sentía calmado y feliz.

Allí estaban las habilidades que se necesitaban para potenciar el desarrollo de su hijo, habitaban dentro de él y aparecían desde lo mejor de sus condiciones, ahora sólo había que potenciarlas,

En todas las persona existen talentos: para hablar en público en unos, para escribir papers en otros, para diseñar estrategias o para llevarlas a la acción, para acoger o para fijar límites. No importa cual, hay que atreverse a mirarlos, a trabajar con ellos y a potenciar el camino de oportunidades que nos señalan.

Esa mañana, al finalizar la sesión, Manuel se sentía un poco más tranquilo y parecía más feliz.

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El Camino del Talento


El Camino del Talento (la transformación revolucionaria de la vida que viene).

Es cierto, el tema del talento en las personas como opción de crecimiento y desarrollo me obsesiona, y le doy, y le doy vueltas una y otra vez, porque estoy convencido de que es uno de los pilares fundamentales de la transformación revolucionaria de la vida que viene.

Durante siglos, hemos asociado el logro de nuestras metas, de nuestra seguridad personal, y de nuestra búsqueda de la excelencia, a la corrección y fortalecimiento de aquello que más nos cuesta, gastando enormes cantidades de tiempo y energía en mejorar aquello para lo que no somos buenos, sin embargo, rara vez dedicamos tiempo y rigor a potenciar aquello que naturalmente hacemos bien, todo nuestro equívoco sistema educacional se dedica a ello. Hemos uniformado lo que se debe estudiar y castigamos a aquellos que no aprenden con facilidad lo que les hemos impuesto, sin considerar siquiera su diversidad o reales capacidades individuales, nos concentramos en que aprendan temas y no en la expansión de las posibilidades y los talentos.

Se imaginan cómo sería todo, si de verdad invirtiéramos en el desarrollo de aquello para lo que realmente tenemos condiciones, aquello que realizamos con innata facilidad, aquello que al final de cuentas hacemos con agrado y nos distingue de los demás.

¿Se imaginan si Fernando González, el Chino Ríos, Neruda o la Mistral hubiesen concentrado sus mejores esfuerzos en aquello para lo que no eran buenos?

Cuando nos planteamos gestionar éxito, felicidad, realización para nosotros, nuestras familias, empresas o nuestros nuevos emprendimientos, considerar esta disyuntiva es fundamental.

(En respuesta al bello comentario realizado hace un tiempo por mi amigo Coach, Luis Saavedra, hoy día en NY)

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¿Qué les está faltando a los líderes hoy día?

Qué les está faltando a los líderes hoy día

Estimados amigos, quisiera compartir con ustedes una cita sobre liderazgo realizada por Deepak Chopra, publicada en The Seminarium Letter, en el mes de mayo del presente año, la cual guarda relación con algunas de las conversaciones que juntos estamos llevando en este blog.

Ante la pregunta ¿Qué les está faltando a los líderes hoy día?, él señala lo siguiente:

“Desafortunadamente, en la actualidad los líderes han estado enfocados en el tráfico de poder, en la venta de influencias y en la corrupción…

…Lo que les está faltando es el ingrediente más importante, que es el deseo profundo de servir…

Necesitan estar profundamente motivados, pero no por el ego, sino, por la ambición de construir y crear.”

Dejar atrás la concepción de que el liderazgo es una cualidad individual, donde una persona se transforma sólo por sus propias habilidades en un conductor iluminado de los destino de una colectividad, no es sólo un error conceptual, sino también, el anuncio de una tragedia comercial y/o productiva.

Hoy, las organizaciones se cosntituyen a partir de estructuras organizacionales cada vez más horizontales y abiertas, su liderazgo depende, entonces, de la comunión de los talentos de todos aquellos que participan de la organización.

No hay liderazgo posible si no existe otro que te permita ejercer dicho liderazgo, otro que, libre y voluntariamente te acompañe, te de autoridad y decida compartir tu y su destino.

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¿Funcionarios o Servidores Públicos?

Abrir una pregunta que permita mirar profundamente la propia identidad es siempre, una posibilidad inmensa de encontrarnos con el porqué hacemos las cosas, con el sentido que tienen nuestros actos y nuestro lugar en la existencia.

¿Qué somos?, ¿Funcionarios o Servidores Públicos?

La pregunta resonó en la sala como si fuese un disparo, cortando de cuajo el rumor de las almas. Primero el silencio, luego la luz poderosa de la propia identidad haciéndose presnete, alineando su quehacer con el sentido de comunidad.

Servidores Públicos fue la única respuesta, sólida, inmensa, certera. Setenta personas miraron de frente con los ojos limpios, con un rostro común y un destino a compartir, setenta profesionales venidos de todas las regiones de Chile escucharon sus voces dando sentido a su existir, la sala lo supo de pronto, de una vez y para siempre.

Los presentes se definieron en el servicio al otro, allí dejaron de ser meros instrumentos de la burocracia institucional y se constituyeron, más allá de formularios, papeles u operaciones, en personas libres y orgullosas de estar al servicio de las necesidades de otras personas.

Ellos se transformaron en gigantes y yo tuve el privilegio de presenciarlo.

Taller Sence 2009.
(Con motivo de la realización de un taller de capacitación en las medidas presidenciales para la contención del desempleo en que participé como Coach relator.)

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El liderazgo no es un don, es una herramienta para obtener resultados

Siempre se asocia el liderazgo con la capacidad de un individuo para conducir a otros y lograr que las cosas sucedan, y es cierto, cuando presenciamos estos acontecimientos estamos ante la concreción del objetivo esencial del liderazgo. Sin embargo, el liderazgo en sí no es un don que podamos encontrar per se en un individuo, no viene con los genes particulares de nadie, y se equivocan profundamente aquellos que pretenden encontrarlo en un tipo determinado de persona o tipificar su estructura a partir de las características especiales de alguien. Es más, estas definiciones alejan a las personas de su uso como herramienta para alcanzar resultados.

Hoy, cuando las organizaciones productivas de toda índole comienzan a aceptar que sus logros, sus metas, y sus propósitos trascendentes están directamente asociados a las potencialidades de todas y cada una de las personas que conforman su comunidad, entender eso es algo realmente fundamental.

Intentar alcanzar objetivos a partir de visiones mesiánicas, o de la imposición de un destino a partir de instrucciones que no integren, reconozcan u ofrezcan sentido a las potencialidades de los integrantes de un equipo, no es solamente primitivo y torpe, es simplemente condenar de antemano dichos objetivos a productividades exiguas o definitivamente al fracaso.

El liderazgo se realiza como tal en comunidad y se funda en la relación con los otros, en el mundo de hoy, donde la información y el conocimiento están cada día más a disposición de la sociedad, no hay posibilidad democrática de conducir a alguien, de llevarlo a una determinada meta, si esta persona o grupo no acepta ser conducido.

Las organizaciones productivas deben atreverse a dejar atrás las concepciones arcaicas del liderazgo, que centran su accionar en esfuerzos individuales de conducción, expandiendo sus posibilidades hacia la relación fecunda de los individuos en el encuentro vital de las personas en un compromiso libremente adquirido, el cual, se construye en una fuerza propulsora de productividad y éxito.

Entender el liderazgo, entonces, como una herramienta que funda la interacción fecunda entre las personas permite, por un lado, democratizar su uso, así como también, reconocerlo en cada itinerario de desarrollo personal, como una posibilidad de aprendizaje y crecimiento.

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Yo soy así y así es como hago las cosas

En la actualidad, lograr alcanzar metas que amplíen las oportunidades de éxito, que poseemos como personas, como organizaciones productivas, o como sociedad, exige de nosotros los seres humanos, no sólo la comprensión del mundo en el que vivimos, sino también, generar simultáneamente nuevas prácticas para habitarlo.

La sociedad en la cual nos desenvolvemos hoy en día, se caracteriza por la ocurrencia vertiginosa de cambios simultáneos donde el conocimiento tecnológico minuto a minuto transforma nuestro habitar sometiendo a una ruda obsolencia las interpretaciones que tenemos de la realidad.

Esto ha provocado un cambio radical en las reglas del juego. La estabilidad, la permanencia, así como los sistemas perfectamente lógicos y estructurados perdieron sentido como soportes seguros de proyección y consolidación de destino, dando paso al fugaz asalto de las oportunidades como instrumento eficaz de existencia, en medio del constante y vertiginoso cambio de los mercados.

Así entonces, la cláusula tantas veces esgrimida como sólida verdad, “yo soy así y así es como hago las cosas” es sólo una prisión auto-impuesta que limita nuestro quehacer y en consecuencia determina ficticiamente la construcción de nuestra historia y de nuestra identidad en el mundo, condenándonos al desasosiego y a la inmovilidad.

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Conversaciones de futuro [el bambú esta ahí para que lo toque el viento]

Una de las cosas que más me sorprende en la práctica del coaching, es descubrir cuán amplio se vuelve el horizonte cuando logramos liberar nuestras conversaciones e instalamos nuestra mirada en el futuro.

Son tantas las veces que construimos interpretaciones de nuestro habitar en el mundo, que ni siquiera tienen sentido para nosotros mismos, interpretaciones pequeñas que instalamos como un cerco entre nosotros y la diversidad de posibilidades que el mundo nos ofrece.

Día tras día acumulamos un sin fin de conceptos aprendidos en un cada vez más lejano e irrecordable momento, en el que fueron legítimos y oportunos. Ahora son representanciones del mundo que no nos pertenecen, que nos duelen o nos agobian, y que, sin embargo, repetimos y hasta defendemos como si realmente constituyeran parte de nuestra identidad.

El proceso de desprenderse de las conversaciones que nos aprisionan y definen para nosotros límites estrechos de existencia, y además, la capacidad de instalarnos en conversaciones de futuro, no sólo son gestos de liberación, son en sí mismos actos de coraje y desapego a través de los cuales alineamos nuestro presente con la aventura vital de nuestros futuros posibles.

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Gestionar el éxito es posible

Dar un gran salto en nuestra capacidad de obtener resultados efectivos es, principalmente, un asunto de tomar acción, potenciar nuestras habilidades y talentos, así como transformar nuestras debilidades en fortalezas, así de fácil. La dificultad radica en que casi nunca tenemos claridad sobre cuáles son nuestros talentos y qué herramientas o metodologías están disponibles para su desarrollo.

Debemos reconocer que cuando nos preguntan sobre nuestros talentos o nuestras habilidades, no sabemos realmente qué responder y nos enredamos con una respuesta políticamente correcta o nos refugiamos en la descripción de alguna destreza o capacidad técnica aprehendida teóricamente en el mundo laboral o académico.

Pero la verdad es que en la vida real no estamos escuchando nuestras habilidades, no reconocemos nuestros talentos y muchas veces ignoramos aquellas cosas que nos definen, nos dan identidad ante los demás y nos permiten actuar en comunidad, o peor aún, le restamos el valor que realmente tienen.

Soy bueno para trabajar en equipo, soy ordenado, soy creativo, me manejo bien bajo presión, etcétera. Casi nunca estas aseveraciones son fundadas en nuestras prácticas reales y la mayor parte de las veces las decimos, o más bien las repetimos, porque son parte de lo que suponemos que los demás quieren escuchar.

Pareciera ser que medimos nuestras propias habilidades con una vara menor a los conocimientos especializados y sistemáticos, como si valoráramos más una ecuación aprendida en la universidad, totalmente inutilizada en nuestro desempeño laboral, que la capacidad de generar, por ejemplo, un buen ánimo organizacional, habilidad fundamental para el logro eficiente de objetivos.

Siempre valoramos y resaltamos a quienes que, con ayuda o por sus propios medios, son capaces de superar o controlar aquello que es considerado una debilidad, ponemos como ejemplo a aquel que logra contener su mal genio, al que vence una adicción, al que supera su timidez. Pero rara vez hablamos de aquellos que son capaces de potenciar y proyectar sus más naturales talentos y habilidades.

Escuchar al otro, colocarse al servicio, coordinar acciones, generar conversaciones virtuosas, sostener un propósito trascendente o habitar en la confianza, son algunos de los conceptos que comienzan a estar en boga en la alta gerencia y el empresariado de nuestro país, así como en las definiciones de un óptimo perfil laboral.

Aún así, muy pocas veces estos conceptos, estas prácticas, aparecen como requerimientos laborales de una empresa, o en la confección de un currículo, menos aún aparecen cuando llega la hora de valorar el desempeño profesional, o en la oferta de formación de un ejecutivo. De este modo nos cerramos a la posibilidad de potenciar el aprendizaje y el desarrollo de esos talentos y capacidades como respuesta oportuna y efectiva para la realización de objetivos y metas, y peor aún, perdemos la oportunidad de darle valor a nuestros emprendimientos.

Es en las personas y sólo en las personas donde habitan las habilidades de sostener o dar proyección a un proyecto, una empresa o a una misión, es la suma de su conocimiento especializado y sus talentos naturales lo que permite alcanzar el éxito. Esto, en medio de una sociedad cuyo paradigma actual es el cambio permanente, y la crisis el pan de cada día, es entonces una oportunidad fundamental, pues en medio del a incertidumbre y el desasosiego, el desarrollo de los talentos y capacidades innatas de las personas es un recurso estratégico de estabilidad y apoyo para la gestión del éxito y la construcción del futuro.

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Desde las emociones es posible

Hace un par de semanas tuve el privilegio de desarrollar un taller de liderazgo y trabajo en equipo para un municipio del sur de Chile, centro del turismo nacional.

En la última elección de alcaldes, quienes habían sido opositores durante más de 30 años, llegaban por primera vez al gobierno de la comuna y buscaban dar un nuevo sentido a la gestión municipal e instalar nuevos modos de relacionarse con los ciudadanos.

El objetivo del nuevo liderazgo municipal al realizar este taller, era estimular la integración del equipo directivo del municipio, conformado ahora por personas de distinto “color político”, opositores entre sí y que en los primeros meses de gestión, ya habían manifestado de una forma u otra, sus diferencias y distancias. Además, chocaban no sólo las ideologías, sino también, las experiencias e interpretaciones del mundo, los modos de gestión y aspiraciones, chocaban aquí años de antagonismo, de heridas profundas y los más profundos y enquistados dolores.

Porque desde las emociones es posible.

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El Ser del Coaching

Durante mucho tiempo, cada vez que me preguntaban ¿y tú, qué haces? Inquiriendo sobre mi quehacer laboral, una profunda inquietud me embargaba, pues mi respuesta: soy Coach Ontológico, me remitía a una larga perorata sobre lo que es el coaching, su historia o sus aplicaciones, la mayor parte de las veces pretendía que mi explicación fuese lo más congruente posible con las definiciones aprehendidas durante mi formación, o con los conceptos académicos en boga. Me gusta estudiar y me encanta lo que hago, así que casi siempre tenía mucho que decir, sin embargo, debo reconocer que la mayor parte de las veces la conversación cerraba con un “ah… que interesante”.

Uno de los problemas que logré percibir en mi respuesta, era que por un camino u otro terminaba hablando de mi, de mis competencias o de cuánto me complacía hacer lo que hago, y es cierto, llevar a cabo mi trabajo es algo que me llena de gozo, pero la verdad eso no explica mucho, pues la importancia y trascendencia de lo que hace un coach no radica en él, sino en la realización del otro.

Dijo una vez, uno de mis Coachees: 

“El saber no está en el maestro, sino, en la belleza que siempre habita en el aprendiz” 

Hoy en día, me gusta decir que mi trabajo, mi quehacer en el mundo productivo, es colaborar con las personas e instituciones ayudándoles a identificar y desarrollar sus talentos como herramientas fundamentales para alcanzar sus metas y objetivos. Para lograr esto, me apoyo en el coaching ontológico: metodología que permite a las personas mirar en sí mismos y en los otros; y observar desde donde hacen lo que hacen, desde donde dicen lo que dicen, desde donde sienten lo que sienten. Este ejercicio de sentido e humanidad permite reconocer en uno mismo la potencialidad de las propias fortalezas y debilidades, en comunión con las de los demás e iniciar de esa forma, un camino de acción y encuentro con el propio lugar en la comunidad.

De esta manera, ser una herramienta para que otros encuentren sus tesoros, me define como Coach Ontológico y de a poco, también como persona.

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No escuches las conversaciones miserables

Uno de los enemigos más corrosivos de la productividad en una empresa u organización, y por supuesto, de las relaciones entre personas, son las conversaciones miserables, aquellas que a partir del descrédito y menoscabo de lo que hacen otros, buscan resaltar la propia identidad u ocupar un lugar de autoridad o relevancia al interior de una comunidad. Muchas veces somos ciegos a este tipo de prácticas y podemos pasar de una simple conversación iniciada con sincero ánimo, a un enjambre de descalificaciones y juicios no fundamentados que intentan indisponer al interlocutor con un tercero, por supuesto, siempre ausente.

El foco de las conversaciones miserables no son, casi nunca, acciones o comportamientos evaluables, sino, la adjudicación de supuestas intenciones negativas o más bien malignas, que otro, siempre distinto de tú o yo, tendría respecto de nosotros y de nuestros proyectos (principal mente los tuyos).

La mayor parte de las veces, estas prácticas esconden un profundo sentimiento de subvaloración e inseguridad respecto a la propia identidad de quien las emite, sentimiento que sólo parece ser compensado con el menoscabo de la identidad del otros. Quienes así hablan, se concentran y buscan que los demás se concentren en las debilidades o tropiezos del otro, que lo vean como una amenaza. Es en este lugar donde se esconde uno de los dramas fundamentales de estos comportamientos, las personas que los hacen se vuelven prisioneras de sus propias conversaciones y generan espirales de comentarios nocivos que muchas veces, lo queramos o no, terminan dañando a alguien que podría ser un aporte o una oportunidad de crecimiento para la comunidad.

De igual modo, con más frecuencia de lo que quisiéramos, las conversaciones miserables se apoderan de una parte importante del quehacer de las organizaciones de trabajo, y no es extraño ver cómo al interior de las empresas o instituciones, un número importante de personas se hacen parte de estas discusiones y terminan estructurándose en oposición a otros, que, que supuestamente, no quieren aquello que nosotros queremos.

Construimos así, una cultura de nociva competencia, donde el compañero de trabajo no es un aliado, sino, un enemigo y la coordinación productiva se vuelve un imposible, impidiendo que los aportes del otro o los propios sean el verdadero foco de atención del quehacer de la organización.

Además, las personas que dan inicio a estas conversaciones, no parecen darse cuenta de la tremenda cantidad de energía que desgastan en la crítica solapada y en la descalificación, energía que puesta al servicio de propósitos trascendentes, con seguridad permitirían alcanzar metras y logros positivos para la totalidad de la institución.

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A pesar de todo tu talento florece

Como ya se habrán dado cuenta, me gusta  hablar de talento, pues ello me permite hablar con facilidad de las competencias maravillosas de los otros.
Es cierto que en el mundo laboral muchas veces sentimos que el quehacer cotidiano no nos deja mostrar todo aquello que podemos dar desde nuestro ser individuos, de lo que podemos aportar más allá de nuestras obligaciones y de todo aquello de lo que somos capaces.  Es cierto que sin darnos cuenta olvidamos que cada cosa que hacemos nos muestra en plena integridad y que a pesar de nuestros comportamientos nocivos, nuestra humanidad nos desborda y se abré pasó.  Así, aun sin darnos cuenta escuchamos atentamente a un compañero, saludamos de buen modo o damos nuestra opinión sincera, sonriendo oportunamente, dejando las quejas de siempre y las conversaciones miserables atrás, permitiendo que nuestras habilidades estratégicas afloren y se pongan al servicio no sólo de nuestra propia productividad, si no también la de nuestros compañeros.

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En el principio también fueron las emociones

Las Emociones.
El miedo, la ira, la tristeza, la alegría, el amor.
Emocionar es el fluir cotidiano de una emoción a otra.

Crom, corría por la estepa con tranco decidido y pesado, la espalda aunque encorvada no reflejaba cansancio si no mas bien un gesto que denotaba el esfuerzo por mantenerse erguido, de tanto en tanto sus manos se apoyaban el suelo, ojos y nariz se confundían en la búsqueda de la presa, su persecución terminaría bien si mantenía el ritmo y era capaz de alcanzar al animal con los guijarros que cargaba, llevaba horas tras un jabalí inmenso y negro que a ratos parecía volverse invisible.

El aire cada vez mas frió anunciaba la noche, el sol comenzaba a ocultarse, aún cuando lograra alcanzar a la bestia ya no volvería a la caverna, esta sensación de inmediato pareció intimidarle, su paso se hizo automáticamente mas lento, pero un fuerte dolor en el estomago le recordó dolorosamente que no podía ceder, hace mas de cuatro días que no comía hasta ahora solo se había alimentado de cortezas y agua, el hambre, el cansancio, el dolor de sus músculos agarrotado se transformaron en enojo el enojo apretó su mandíbula y entrecerró los ojos, inhalo y exhalo por la boca en pequeñas bocanadas sin separar los dientes, no podía ceder, esa maldita bestia sería su alimento, aceleró el paso y siguió corriendo.

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