A pesar de todo tu talento florece

Como ya se habrán dado cuenta, me gusta  hablar de talento, pues ello me permite hablar con facilidad de las competencias maravillosas de los otros.
Es cierto que en el mundo laboral muchas veces sentimos que el quehacer cotidiano no nos deja mostrar todo aquello que podemos dar desde nuestro ser individuos, de lo que podemos aportar más allá de nuestras obligaciones y de todo aquello de lo que somos capaces.  Es cierto que sin darnos cuenta olvidamos que cada cosa que hacemos nos muestra en plena integridad y que a pesar de nuestros comportamientos nocivos, nuestra humanidad nos desborda y se abré pasó.  Así, aun sin darnos cuenta escuchamos atentamente a un compañero, saludamos de buen modo o damos nuestra opinión sincera, sonriendo oportunamente, dejando las quejas de siempre y las conversaciones miserables atrás, permitiendo que nuestras habilidades estratégicas afloren y se pongan al servicio no sólo de nuestra propia productividad, si no también la de nuestros compañeros.

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En el principio también fueron las emociones

Las Emociones.
El miedo, la ira, la tristeza, la alegría, el amor.
Emocionar es el fluir cotidiano de una emoción a otra.

Crom, corría por la estepa con tranco decidido y pesado, la espalda aunque encorvada no reflejaba cansancio si no mas bien un gesto que denotaba el esfuerzo por mantenerse erguido, de tanto en tanto sus manos se apoyaban el suelo, ojos y nariz se confundían en la búsqueda de la presa, su persecución terminaría bien si mantenía el ritmo y era capaz de alcanzar al animal con los guijarros que cargaba, llevaba horas tras un jabalí inmenso y negro que a ratos parecía volverse invisible.

El aire cada vez mas frió anunciaba la noche, el sol comenzaba a ocultarse, aún cuando lograra alcanzar a la bestia ya no volvería a la caverna, esta sensación de inmediato pareció intimidarle, su paso se hizo automáticamente mas lento, pero un fuerte dolor en el estomago le recordó dolorosamente que no podía ceder, hace mas de cuatro días que no comía hasta ahora solo se había alimentado de cortezas y agua, el hambre, el cansancio, el dolor de sus músculos agarrotado se transformaron en enojo el enojo apretó su mandíbula y entrecerró los ojos, inhalo y exhalo por la boca en pequeñas bocanadas sin separar los dientes, no podía ceder, esa maldita bestia sería su alimento, aceleró el paso y siguió corriendo.

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