El liderazgo no es un don, es una herramienta para obtener resultados
Siempre se asocia el liderazgo con la capacidad de un individuo para conducir a otros y lograr que las cosas sucedan, y es cierto, cuando presenciamos estos acontecimientos estamos ante la concreción del objetivo esencial del liderazgo. Sin embargo, el liderazgo en sí no es un don que podamos encontrar per se en un individuo, no viene con los genes particulares de nadie, y se equivocan profundamente aquellos que pretenden encontrarlo en un tipo determinado de persona o tipificar su estructura a partir de las características especiales de alguien. Es más, estas definiciones alejan a las personas de su uso como herramienta para alcanzar resultados.
Hoy, cuando las organizaciones productivas de toda índole comienzan a aceptar que sus logros, sus metas, y sus propósitos trascendentes están directamente asociados a las potencialidades de todas y cada una de las personas que conforman su comunidad, entender eso es algo realmente fundamental.
Intentar alcanzar objetivos a partir de visiones mesiánicas, o de la imposición de un destino a partir de instrucciones que no integren, reconozcan u ofrezcan sentido a las potencialidades de los integrantes de un equipo, no es solamente primitivo y torpe, es simplemente condenar de antemano dichos objetivos a productividades exiguas o definitivamente al fracaso.
El liderazgo se realiza como tal en comunidad y se funda en la relación con los otros, en el mundo de hoy, donde la información y el conocimiento están cada día más a disposición de la sociedad, no hay posibilidad democrática de conducir a alguien, de llevarlo a una determinada meta, si esta persona o grupo no acepta ser conducido.
Las organizaciones productivas deben atreverse a dejar atrás las concepciones arcaicas del liderazgo, que centran su accionar en esfuerzos individuales de conducción, expandiendo sus posibilidades hacia la relación fecunda de los individuos en el encuentro vital de las personas en un compromiso libremente adquirido, el cual, se construye en una fuerza propulsora de productividad y éxito.
Entender el liderazgo, entonces, como una herramienta que funda la interacción fecunda entre las personas permite, por un lado, democratizar su uso, así como también, reconocerlo en cada itinerario de desarrollo personal, como una posibilidad de aprendizaje y crecimiento.
Leer TodoYo soy así y así es como hago las cosas
En la actualidad, lograr alcanzar metas que amplíen las oportunidades de éxito, que poseemos como personas, como organizaciones productivas, o como sociedad, exige de nosotros los seres humanos, no sólo la comprensión del mundo en el que vivimos, sino también, generar simultáneamente nuevas prácticas para habitarlo.
La sociedad en la cual nos desenvolvemos hoy en día, se caracteriza por la ocurrencia vertiginosa de cambios simultáneos donde el conocimiento tecnológico minuto a minuto transforma nuestro habitar sometiendo a una ruda obsolencia las interpretaciones que tenemos de la realidad.
Esto ha provocado un cambio radical en las reglas del juego. La estabilidad, la permanencia, así como los sistemas perfectamente lógicos y estructurados perdieron sentido como soportes seguros de proyección y consolidación de destino, dando paso al fugaz asalto de las oportunidades como instrumento eficaz de existencia, en medio del constante y vertiginoso cambio de los mercados.
Así entonces, la cláusula tantas veces esgrimida como sólida verdad, “yo soy así y así es como hago las cosas” es sólo una prisión auto-impuesta que limita nuestro quehacer y en consecuencia determina ficticiamente la construcción de nuestra historia y de nuestra identidad en el mundo, condenándonos al desasosiego y a la inmovilidad.
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