Yo soy así y así es como hago las cosas

En la actualidad, lograr alcanzar metas que amplíen las oportunidades de éxito, que poseemos como personas, como organizaciones productivas, o como sociedad, exige de nosotros los seres humanos, no sólo la comprensión del mundo en el que vivimos, sino también, generar simultáneamente nuevas prácticas para habitarlo.

La sociedad en la cual nos desenvolvemos hoy en día, se caracteriza por la ocurrencia vertiginosa de cambios simultáneos donde el conocimiento tecnológico minuto a minuto transforma nuestro habitar sometiendo a una ruda obsolencia las interpretaciones que tenemos de la realidad.

Esto ha provocado un cambio radical en las reglas del juego. La estabilidad, la permanencia, así como los sistemas perfectamente lógicos y estructurados perdieron sentido como soportes seguros de proyección y consolidación de destino, dando paso al fugaz asalto de las oportunidades como instrumento eficaz de existencia, en medio del constante y vertiginoso cambio de los mercados.

Así entonces, la cláusula tantas veces esgrimida como sólida verdad, “yo soy así y así es como hago las cosas” es sólo una prisión auto-impuesta que limita nuestro quehacer y en consecuencia determina ficticiamente la construcción de nuestra historia y de nuestra identidad en el mundo, condenándonos al desasosiego y a la inmovilidad.

Hoy, son otras las habilidades prácticas y talentos que se requieren, nuevas competencias que acojan y depuren nuestra experiencia y la reencausen expandiendo sus potencialidades de cambio y adaptabilidad. Nuestra capacidad de actuar en el cambio, y el aprendizaje continuo sobre dicho actuar, se constituyen en instrumentos fundamentales que emergen en la actualidad como posibilidades de reinventarse hacia futuros distintos y de paso poner en cuestión los sistemas interpretativos con los que, hasta hoy, nos entendemos como sociedad.

Por ejemplo, es sabido que el peso de las estructuras piramidales de las empresas tradicionales dificultan su óptimo desarrollo en los mercados, restringiendo su movilidad y su capacidad de respuesta en la captura de nuevas y mejores oportunidades. Hoy es necesario trabajar en red, horizontalizar la estructura organizacional, hacerla más liviana y avocarse a la creación continua de comunidad para el desarrollo y proyección de nuestro hacer, es decir, incluir al otro, sus conocimientos y sus intereses en los procesos para diseñar para obtener resultados.

Esto va más allá de la implantación de nuevos diseños de empresa, o el mero modelamiento de nuevos procesos, o de la contratación de nuevos y más jóvenes profesionales para que hagan lo que Yo digo, o realizar encuestas sobre lo que piensan los actores involucrados en mi quehacer productivo, para luego, en solitario redefinir una nueva misión que imponer a mis “colaboradores”. Incluir al otro y concebir el éxito a partir de la articulación de los talentos, reconociendo allí, en lo mejor de los demás, el motor más potente para alcanzar resultados de excelencia.

Esto implica el transformar a tiempo nuestras prácticas organizacionales adecuándolas permanentemente al flujo vertiginoso de los escenarios futuros. Concibiendo la interacción con cada uno de los actores como el núcleo esencial de la comunidad productiva.

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