Honrar los compromisos

Hace ya algunos unos meses, unas semanas después del terremoto que azotó a Chile, en medio de una exposición donde participaba como relator en temas de  coaching para el liderazgo y trabajo en equipo, dictado por el IDER de la Universidad de la Frontera realizado en Villarrica en la mitad de la región de la Araucanía, Claudia una joven socióloga levantó la mano y amablemente solicitó nuestra atención, en ese momento analizábamos el tema de las emociones vividas durante y con posterioridad al terremoto y su impacto en los propios procesos profesionales, momentos antes revisamos imágenes de sucesos que reflejaban cómo los chilenos recorrieron en pocos días, quizás en horas desde el miedo inmenso, la angustia, el desconsuelo y el desamparo hasta la solidaridad impresionante del ayudarse unos a otros, al valor de sobreponerse a la impotencia, pasando también por la indignidad y la vergüenza que significaron los saqueos, el abuso y el descontrol.

Ella quería relatarnos su experiencia, cuando comenzó a hablar su voz sonó fuerte y clara revelando gran aplomo profesional, nos contó que no pertenecía a una de las zonas más afectadas, que no contaba entre los suyos grandes perdidas humanas y tampoco materiales y aun cuando se dolía profunda y sinceramente de aquellos que si lo habían perdido todo y compartía su dolor, como todos había sentido el miedo al punto de la paralización, sin embargo, tenía lo que ella denominó sentimientos encontrados. Nos explicó que luego de las primeras horas la preocupación, el miedo y la angustia dieron paso a inusitados gestos de acercamiento, apertura y encuentro al interior de su familia, gestos que los conectaron, no sólo, con la vivencia del evento telúrico, sino con la superación espontánea de una serie de conflictos, que durante mucho tiempo los atormentaban y entorpecían hasta sus relaciones más cotidianas.

Al avanzar en su relato su voz fue perdiendo volumen, hasta llegar casi a un susurro, que acompañó de un  profundo sollozo, más no se interrumpió, nos contó cómo entre sus más cercanos las distancias de los desencuentros humanos, los dolores de los desafectos arrastrados por años habían cedido, perdiendo todo significado, dando paso a la acogida, a la comprensión, al amor. El terremoto los había desnudado como seres humanos exponiendo la pureza de lo que realmente eran como personas.

Un suspiro inmenso inundó la sala, sumiéndonos a todos en un aun más profundo silencio, de pronto, con voz clara y limpia como arrancada, llena de pureza desde su llanto, nos espetó: mas no lloro por esto nos dijo, no puedo estar más alegre al recuperar lo mejor de mí y de los míos, lloro por que se que nos vamos a olvidar, se que en poco tiempo lo más bello de nosotros quedara nuevamente atrás, en la trastienda de nuestras vidas, que otras cosas menos importantes, mas futiles ocuparan los primeros lugares de nuestra existencia, se que volveremos a mirarnos con rencor, si no a los mismos a otros.

Les digo esto, no porque me auto condene a la resignación sino porque no quiero que pase, quiero negarme vigorosamente a que nos olvidemos, porque tengo miedo de que no aprendamos y choquemos con la  misma piedra una y otra vez, miedo de que las miserias de las vida nos impongan su manto nuevamente, miedo de que nos volvamos a sentir amenazados por el vecino, de que le compitamos hasta el aire al compañero por conseguir un éxito cuyo sentido y significado  ni siquiera entendemos, les digo esto porque quiero espantar con mis palabras el fantasma de los compromisos que no se cumplen y que someten indefectiblemente la belleza de lo que somos a la exclusión y el olvido.

Ese día, todos nos negamos a que eso se hiciera posible, es más, todos los presentes nos comprometimos a que no nos pasaría, a que no olvidaríamos que en cada ser humano hay un gigante limpio, sincero y solidario, nos comprometimos que no esperaríamos otra tragedia para ser amables, para cuidarnos, para reconocer siempre en el otro su pureza y legitimidad, para celebrar día a día la grandeza de lo que somos como seres humanos.

Ese día nos comprometimos a NO OLVIDAR.

3 Comentarios

  1. Ese día nos comprometimos a no olvidar…
    Es verdad, recuerdo ese momento y vuelvo a sentir lo que alli se vivio. Pero será que los seres humanos debemos ser remesidos constantemente para mostrar lo mejor de nosotros.
    Creo, que muchos de quienes nos sentimos vulnerables esa madrugada del 27, pensamos “ahora hare las cosas de otra forma”, y cambiamos nuestro actuar por una semana, tal vez un mes; pero ahora, somos los de antes. Los competitivos, individualistas. Es dificil mantener aquel pensamiento que nos invadio aquel día, debido, a que la vida pasa tan rápido, una cosa tras otra, que incluso nos faltan horas del día para planificar, actuar y seguir al ritmo de esta sociedad.
    Pero aún siento orgullo al recordar esas imagenes de niños, jovenes y adultos formando cadesnas humanas para ayudar y colaborar con quienes la naturaleza les jugo una mala pasada. Y me quiero quedar con eso e intentar nuevamente, No OLVIDAR.

  2. Gracias Andrés por traer a mi memoria, desde tu mirada y la de los demás, aquellos días…creo que mi mayor aprendizaje estuvo en el cierre del Diploma (aunque el diploma en sí, fue excelente!!!)… sin darme cuenta al entrar al salón comencé a despojarme de mis más profundos resentimientos y corazas, y dejé entrar en mi un sentimiento que había abandonado hace tiempo…la comprensión hacia el otro… y no siempre hacia mi misma y eso me ha enseñado a amar de una manera diferente, sin juicios ni dolores.
    Hago el ejercicio constantemente…para NO OLVIDAR…el valor y la esencia que nos hace ser felices junto a otros…
    Hoy tengo un motivo más para ver la vida maravillosa…tengo una bebé en mí…que ha traído antes de llegar…muchas bendiciones.
    Cariños,

  3. gladys castro valdes

    Hola profe (perdòn )coach sabes creo que tù trabajo durante esos 6 meses juntos, ahora al termino de todos esos momentos maravillosos que pasamos juntos a mis compañeras. me doy cuenta todo lo que aprendì de tì , en las primeras clases no lograba entender que era lo que querias de todas nosotras, y sin darme cuente fui conociendo a ese hombre que nos transmitia algo tan maravilloso como es ver la vida de una menera diferente, gracias de todo corazòn
    Y durante el dìa me repito quiero vivir en la excelencia, No quiero que esto sea algo pasajero por eso estoy buscando informacion dìa a dìa , el coaching se quedo en mi y es lo mejor que me ha pasado porque cambio mi vida y poco a poco irè haciendolo parte de mi
    Un gran abrazo

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