Recuperando lo colectivo – Comunidades Virtuosas.
En algún momento de la época contemporánea, obsesionados por alcanzar el éxito, entendido este como la acumulación de un nivel riqueza económica que permitiera comprar la solución a nuestros problemas humanos, disociamos nuestra realización personal del establecimiento de relaciones de comunión con otros.
Es en ese minuto de la historia en que subordinamos las relaciones de creación social entre las personas a la funcionalidad exclusiva de cada propósito individual, aquí es cuando perdimos el rumbo, separándonos, postergando la construcción de comunidad, para un momento posterior a la obtención de la meta personal.
Siempre después, sin presente, sin presencia, con la esperanza de vivir después de la vida, al final, una vez que la tarea haya terminado, allí abrazaremos a nuestros hijos, a nuestros amigos, sabremos sus nombres, tendremos tiempo para amar, para reír, para ver las estrellas y escuchar al viento.
En esta interpretación de la realidad que construimos o aceptamos para nosotros, donde la felicidad es casi un acto de irresponsabilidad, aprendimos a desconfiar del otro, a sentirnos amenazados por los logros del vecino, a envidiar sus victorias y los otros aprendieron a desconfiar de nosotros a sentirse amenazados, aprendieron a envidiar nuestras victorias.
Construir comunidades virtuosas, es decir comunidades que se sustenten y desarrollen a partir de la gestión de su equilibrio como sociedades sanas, donde cada ciudadano tenga acceso relevante y concreto a posibilidades reales de crecimiento y realización, comienza por volver a mirarnos, a reconocernos nuevamente, o quizás por primera vez, como constructores de lo colectivo.
Esto implica encontrarnos en nuestra más profunda humanidad con el coraje de aceptar que nos hacemos, nos realizamos, nos constituimos también en el otro, en la pareja, en los hijos, en la familia, en los amigos, en los compañeros, en los vecinos, en fin en los otros. Es decir que nos constituimos en miembros de una comunidad en cuanto somos capaces de identificarnos en la relación que establecemos con el otro.
Esto exige reconocernos simultáneamente desde nuestra más pura individualidad como originales y diferentes y como semejantes en un todo social, soberanos constructores de puentes y catedrales, protagonistas esenciales en la creación de humanidad.
Muchas gracias Andrés.
Siempre tan acertivo Andrecito.No sé si son propios pensamientos ,o tienes una fuente extra inspiradora…pero me haces pensar…….
Ha sido un proceso largo y dificil…pero conocerte,escucharte,y aprender de tí,me ayudaron a tomar deciciones valiosas en mi vida…procesos dificiles de enfrentar,pero que en definitiva,han sido enriquecedores.
Enfrento una nueva vida….con grandes temores,y con una salud quejumbrosa…pero con la fé de poder lograr mis sueños.Recibe toda mi gratitud.