La Felicidad es Posible.
Una de las cosas que más me impresiona en los talleres y programas de coaching, liderazgo y trabajo en equipo que he realizado por todo el país en los últimos años, es la certeza de las personas de que el máximo logro al que quieren aspirar es la felicidad, felicidad para sí mismos y para los suyos. Cada vez que le he pedido a una persona que se conecte con su propósito trascendente, con aquello que más quisieran en la vida, comienzan hablando de estar tranquilos, de no tener problemas, luego a tener más tiempo para ellos y al poco andar traducen ese anhelo en una clara aspiración de felicidad. Pareciera ser que cuando la conversación se vuelve profunda, cuando realmente vamos a hablar desde la humanidad, nuestros anhelos de felicidad se vuelven una prioridad.
En estos especiales momentos, la claridad de lo que queremos, de aquello que verdaderamente necesitamos para alcanzar la plenitud de lo que somos como personas, como individuos, parece ser infinita, desde aquí, todo es transparente, la coherencia entre lo que somos y lo que queremos ser se vuelve sólida, tangible, alcanzable, queremos ser felices, que nuestros hijos sean felices, que nuestra familia, que el mundo… sea feliz, sin embargo llegado el momento de actuar, de tomar acción para hacer realidad lo que queremos, algo inusitado, inverosímil sucede…
Como esclavos que despiertan de imposibles sueños de libertad, volvemos a nuestras celdas, asustados por los miedos que nosotros mismos hemos creado, postergamos nuestros sueños y nos encerramos en extraños modelos de existencia, postergando nuestras posibilidades de ser, de celebrar la vida, de realizarnos, para “hacer aquello que a fin de cuentas estamos condenados a hacer, aquello que es “lo realmente importante”, , ser productivos, acumular riqueza, ser exitosos, necesitamos ser pragmáticos, trabajar duro, no perder el tiempo, ganarle a la vida, para que cuando llegue el momento, quizás, si tenemos suerte, al final de nuestros días, cuando ya nos quede poco o nada por entregar podamos verdaderamente, por un momento, hacer lo que siempre quisimos, ser quienes siempre quisimos ser, en fin vivir y ser felices.
Agobiados por la meta de llegar a ser alguien, nos olvidamos de ser nosotros mismos, nos olvidamos vivir el camino y de paso, cruelmente nos olvidamos de vivir, enfrascados en cumplir, en hacer lo que se nos pide o lo que hemos aprendido que debemos ser, nos confundimos y hacemos de la felicidad un destino siempre lejano, como un premio absurdo que sólo es posible ganar si pagamos con dolor el costo de vivir.
Quien dijo que ésta era la manera correcta de vivir, dónde aprendimos a traicionar nuestra plenitud, a renunciar a nuestros sueños, dónde aprendimos a someter nuestra felicidad, a vivir la vida desde la aspereza y la postergación. Hemos creado interpretaciones de la realidad, modelos, sistemas, estructuras de existencia y convivencia que nos ahogan, restringen y hasta cercenan nuestras posibilidades de realizarnos, y aun cuando en lo más profundo de nuestra humanidad sabemos que nos necesitamos unos a otros, optamos por empujarnos, excluirnos y competir hasta anularnos.
El colectivismo a ultranza donde toda individualidad se subsume en el grupo, en la masa, en la asamblea cayó con el Muro, en manos de sus propios hijos. Hoy, el mundo que conocemos, aquel que creímos había ganado la batalla, aquel que endiosa el mercado, la competencia y el individualismo comienza a caer también ante nuestros ojos, los descamisados actuales, quizás más jóvenes que antes se resisten a seguir con la locura de hipotecar sus vidas en un mercado que solo les pide y poco les da. Nuestro propio progreso, nuestra propia evolución nos transforma y nos lanza disparados hacia un futuro diferente, debemos cambiar, y nuestra mayor trampa es repetirnos.
Queremos construir otra manera de vivir, una donde haya un buen lugar para todos, una vida donde podamos realizarnos, donde podamos crecer, donde podamos ser felices. Sin embargo, le tememos al cambio, preferimos repetir el camino conocido, ese que inclina nuestra mirada, que nos encorva, hemos creado una vida que no nos gusta, que nos separa y que nos condena a la infelicidad, construimos nuestro destino individual sobre las espaldas de los otros y nuestra mayor tragedia en creer que eso es lo que hay que hacer, que eso es lo correcto.
Se imaginan si cada ser humano, decidiera conectarse con lo mejor de los otros, si eligiéramos construir desde y hacia lo virtuoso de cada uno de nosotros; se imaginan si dejáramos de competir, de excluirnos y comenzáramos verdaderamente a cooperar, a construir juntos.
Se imaginan si nos atreviéramos de vez en cuando a encontrarle la razón a los otro, se imaginan si le enseñáramos a nuestros hijos a amar lo que hacen, lo que estudian, lo que aprenden, en vez de obligarlos a ser los primeros a sacarse buenas notas; se imaginan si en los colegios del mundo enseñaran que el liderazgo es la articulación de los talentos y no la imposición de la voluntad sobre el otro; se imaginan un mundo donde el respeto por el otro sea el mayor reflejo de nuestra dignidad; se imaginan si nos atreviéramos a reconocer nuestros errores, a perdonarnos, si nos atreviéramos a confiar el uno en el otro, a dejar de autoengañarnos, a ser verdaderamente sinceros, a compartir, a ser justos…
Transformar nuestra vida, ser soberanos de nuestra existencia comienza con nosotros, con nuestra voluntad de estar presentes, de recuperar la mirada, comienza con la voluntad de crear puentes, de hacer lo que es humanamente correcto, con atrevernos a no vivir en el miedo, comienza con construir nuevos modelos , nuevos relatos sobre nosotros mismos.
La felicidad es posible porque depende de tí, de mí, de cada uno de nosotros.
Leer TodoGestión del equilibrio una plataforma para expandir la realización de las personas
Ansiedad, desazón, incertidumbre, agobio, son desde hace mucho tiempo, temas altamente recurrentes en la conversación actual, pareciera que la sociedad en que vivimos se definiera partir de estos conceptos, pareciera, nos guste o no, que sufrimos la vida, mas que vivirla.
El existir se nos aparece tantas veces como una maraña caótica de anhelos, intereses, expectativas y aspiraciones propias o adquiridas, necesarias o prescindibles, que se logran o se frustran a una velocidad vertiginosa como miles de estímulos bullendo, transformados en direcciones desencontradas, siempre inalcanzables, si gano en una, pierdo en otra, si tengo éxito en alguno de mis dominios pago el costo de fracasar en otros. Cada elección pareciera estar definida por un sacrificio y cada meta alcanzada por un renuncio.
¿Cómo construir la estructura esencial que nos permita gobernar nuestras vidas y ser soberanos de ella?, ¿cómo ser el cambio en medio del cambio y asumirlo como definición sustantiva de lo que somos?, ¿cómo hacer de la transformación inevitable la piedra angular de nuestra solides, de nuestra coherencia? Cambiamos, porque sabemos cambiar, porque somos capaces de aprehender constantemente de los mundos que creamos, de los mundos que destruimos, de los que dejamos atrás.
Gestionar el equilibrio humano, darle a nuestras vidas un propósito, una dirección cierta, un destino, pareciera ser la clave del éxito y de la realización, y por que no, de nuestra felicidad. Pero ¿cómo lograrlo, si todo cambia y cambia a un ritmo inagotable, y el mundo se deshace entre nuestras manos al mismo tiempo en que se constituye y se vuelve a deshacer? Necesitamos no pisar el abismo, si no navegarlo, ser en la mitad de la tormenta un timón, un puerto, un avión, necesitamos navegar el cielo desbocado como pájaros que conocen los vientos o marinos que aun borrachos de sirenas leen las estrellas, tenemos que ser nuestras propias naves, reconocernos como tales, sostenernos y crecer abrazados como boyas luminosas en la mitad del oleaje incierto.
Gestionar el equilibrio humano, es decidir el camino, trabajar con lo más preciado que tenemos, nuestra humanidad, aquello, que no es otra cosa que el encuentro amoroso de uno con sus otros. Allí es donde tenemos que actuar, el primer paso es reconocerse, reencontrarse, darse la oportunidad de mirarse de frente el espejo implacable de nuestros propios ojos, reconocer en ellos nuestros talentos y virtudes, así como nuestra infinitas carencias y celebrar quienes somos, reconocer en ese mismo espejo que no somos solos, que jamas lo seremos, que necesitamos a otro, a otros para constituirnos verdaderamente como seres humanos.
Desde allí, desde la humanidad de esa mirada, buscar nuestro propósito trascendente, aquello que queremos que defina lo que somos y lo que seremos en el tiempo. Aquello que por decisión nuestra y solo nuestra, será por siempre nuestro destino.
Leer TodoRecuperando lo colectivo – Comunidades Virtuosas.
En algún momento de la época contemporánea, obsesionados por alcanzar el éxito, entendido este como la acumulación de un nivel riqueza económica que permitiera comprar la solución a nuestros problemas humanos, disociamos nuestra realización personal del establecimiento de relaciones de comunión con otros.
Es en ese minuto de la historia en que subordinamos las relaciones de creación social entre las personas a la funcionalidad exclusiva de cada propósito individual, aquí es cuando perdimos el rumbo, separándonos, postergando la construcción de comunidad, para un momento posterior a la obtención de la meta personal.
Siempre después, sin presente, sin presencia, con la esperanza de vivir después de la vida, al final, una vez que la tarea haya terminado, allí abrazaremos a nuestros hijos, a nuestros amigos, sabremos sus nombres, tendremos tiempo para amar, para reír, para ver las estrellas y escuchar al viento.
En esta interpretación de la realidad que construimos o aceptamos para nosotros, donde la felicidad es casi un acto de irresponsabilidad, aprendimos a desconfiar del otro, a sentirnos amenazados por los logros del vecino, a envidiar sus victorias y los otros aprendieron a desconfiar de nosotros a sentirse amenazados, aprendieron a envidiar nuestras victorias.
Construir comunidades virtuosas, es decir comunidades que se sustenten y desarrollen a partir de la gestión de su equilibrio como sociedades sanas, donde cada ciudadano tenga acceso relevante y concreto a posibilidades reales de crecimiento y realización, comienza por volver a mirarnos, a reconocernos nuevamente, o quizás por primera vez, como constructores de lo colectivo.
Esto implica encontrarnos en nuestra más profunda humanidad con el coraje de aceptar que nos hacemos, nos realizamos, nos constituimos también en el otro, en la pareja, en los hijos, en la familia, en los amigos, en los compañeros, en los vecinos, en fin en los otros. Es decir que nos constituimos en miembros de una comunidad en cuanto somos capaces de identificarnos en la relación que establecemos con el otro.
Esto exige reconocernos simultáneamente desde nuestra más pura individualidad como originales y diferentes y como semejantes en un todo social, soberanos constructores de puentes y catedrales, protagonistas esenciales en la creación de humanidad.
Leer TodoGestión desde las personas: La empresa más allá del empresario.
Casi siempre los emprendimientos emergen desde un sueño, desde una idea, desde un chispazo creativo, que una persona, la mayor parte de las veces individualmente, lleva adelante. La capacidad de dar sustento a este sueño es sin duda uno de los pilares de su camino hacia la consolidación de un producto o una empresa. Con tesón, compromiso y, muchas veces, obsesión esa idea va trasformándose en relato, proyecto y acciones, cuya suma, lo aceptemos o no, es parte esencial de su destino.
Siempre podemos mirar este proceso desde los conceptos tradicionales y concentrarnos en glorificar el acto creativo en su más pura individualidad, como motor fundamental para conseguir el éxito del proceso de crear una empresa. Hoy celebramos con exceso y a mi juicio equivocadamente, el valor del empresario, del emprendedor, incluso del líder en cuanto individuo, centrando su potencia creadora en dicha individualidad, invisibilizando, sin darnos cuenta, la interacción vital con ese otro que acoge y que aporta la posibilidad de existencia y proyección para nuestros sueños.
Los productos, productos son, los servicios, servicios son, y tienen sentido en cuanto son sostenidos y proyectados al mercado a través de personas que se organizan para garantizarles un destino. A fin de cuentas el fin ultimo de todo emprendimiento, es llegar a otro que necesite y consuma aquello que se ofrece y eso solo es posible a partir del encadenamiento de interacciones humanas, es sobre esas interacciones que un emprendimiento puede constituirse en empresa, que un producto puede ser consumido, que un servicio puede ser prestado.
Todo impulso humano de creación, de construcción de realidad se constituye, también, en un otro que acoge, que se involucra y compromete con el producto y servicio que ofrecemos. Podemos imaginar y dar cuerpo al mejor y más útil, inteligente e ingenioso producto o servicio, pero si las personas no lo aceptan se perderán en el fracaso y el olvido, es más si no se crea una organización de personas que lo construya e instale en el mundo jamás llegará a destino.
No existe empresa ni producto si no existe interacción virtuosa entre personas, es más el éxito de cualquier emprendimiento, de cualquier empresa, de cualquier proyecto humano, depende de cómo esa interacción se constituya en los otros.
Sin embargo, rara vez celebramos esa interacción virtuosa en que un otro se compromete con mi sueño y me ayuda a potenciarlo, a hacerlo parte de la realidad, es más la mayor parte de las veces, menoscabamos y denigramos esa relación, reduciéndola a un interacción contractual, de mera funcionalidad comercial, en que suponemos que obtengo lo que quiero, solo por que pago por ello.
Muchos de los emprendimientos que se pierden, de las empresas que quiebran, de los equipos que fracasan llegan a ese destino porque no fueron capaces de gestionar desde las personas, de articular sus talentos, de considerarlos en cuanto tales, conformándose sólo con administrar los recursos “Humanos”. De esta manera las personas pasan a ser sólo empleados, funcionarios, clientes o proveedores y no seres luminosos, intensamente ricos en posibilidades, que al conectarse entre sí generan una red vital de acciones y encuentros, en el que en realidad puede realizarse el propósito que con tanto anhelo buscamos.
Leer TodoConversaciones públicas/conversaciones privadas.
Han pasado años y aun me duele no haber dicho, “no te vayas, quiero que te quedes, no importa lo que haya pasado yo te quiero”, y sin embargo guardé silencio, un estupido y soberbio silencio que sólo interrumpí para decir, “es tu decisión, tu veraslo que haces, pero atente a las consecuencias”, quería decirle que no se fuera que no quería perderla y de mi boca solo brotaban amenazas, empujones verbales que sólo la alejaban aun más, cerrando cualquier posibilidad de retenerla, quería acariciarla pero cada palabra mía la agredía, le hablaba como si no me importara, como si lo que estaba pasando no me incumbiera, ella se fue para siempre
Durante muchos años yo la culpé, por no haber intentado quedarse, por no haberme escuchado por no haberme dado una oportunidad. Durante todos esos años yo confundí mi dialogo interno, aquel donde le pedía, aquel donde expresaba mis verdaderas emociones con lo que realmente había dicho, aquello que verdaderamente expresaba públicamente. Esta misma práctica se repitió una y otra vez no sólo en temas de pareja sino en muchos aspectos de mi vida. Así, por ejemplo, durante mucho tiempo me relacioné con mis hijos o con mi familia a través de ordenes perentorias o castigos disciplinarios, en vez de decir lo que sentía, aquellos argumentos que en el más profundo de los silencios me repetía, gritaba en vez de compartir con ellos lo que realmente pensaba, agredía en vez de expresar cariño o en el mundo de los negocios donde me involucré en sociedades comerciales que fracasaron y de las que pude haberme apartado a tiempo si sólo hubiera sido capaz de ser coherente entre aquello que pensaba y lo que finalmente terminaba expresando. En mi conversación privada mi intención era ser franco, llano, asertivo, eficaz y en mi conversación pública terminaba siendo ambiguo, enredador, interesado o complaciente.
Diálogos como éstos aparecen reiteradamente en mis relatorías de coaching ontológico, liderazgo y trabajo en equipo, y la mayor parte de las veces están directamente asociados a innecesarios desgastes personales, a la frustración y al sufrimiento, así como a la ineficiencia y la improductividad, en el mundo de la empresa, por ejemplo, la distancia entre lo ofrecemos y lo que realmente entregamos, puede ser decisiva no solo en la colocación de nuestro producto o servicio si no por supuesto en la retención del cliente y por ultimo en el éxito de nuestro emprendimiento, perdemos tiempo, dinero y dejamos que nuestra realización se nos escape entre las manos, porque ignoramos o lisa y llanamente nos negamos a entender que establecer coherencia entre nuestro discurso público y el privado es algo más que una referencia a un comportamiento honesto yconsecuente que deben asumir aquellos que ostentan un cargo público o algún tipo de representación. Estrechar la distancia entre nuestro discurso privado y su expresión pública, no solo es un efectivo canal de transparencia y entendimiento colectivo,sino también una eficiente herramienta productiva que nos aleja de comportamientos confusos y nos devuelve el control de nuestras acciones, permitiéndonos ser soberanosde nuestras decisiones, haciéndonos dueños reales de nuestra identidad y de nuestros logros.
Cuando escucho, escucho y en ese acto rondan un sinnúmero de universos paralelos que están ahí, listos para que los tome y genere “las nuevas realidades”.
….Había sido cuando menos lo quiso, cuando al cabo de tantos y tantos años de ilusiones estériles había empezado a vislumbrar que no se vive, qué carajo, se sobrevive, se aprende demasiado tarde que hasta las vidas más dilatadas y útiles no alcanzan para nada más que para aprender a vivir…
El Otoño del Patriarca Gabriel García Márquez
Esta es la parte que más me gustó de un libro que fue una tortura leer, lo leí como 100 veces antes de llegar a esa parte, han pasado más de 20 años de haberla leído, aun me hace sentido, me parece grandioso.
La verdad es que tengo que escribir un relato de cómo ha pasado este año 2009-2010 junto a mis sesiones de coaching, debo enfocarme, concentrarme y no puedo… es difícil para mí expresar por escrito lo pasado.
Hoy la vida me sonríe y yo le sonrío a la vida, estoy bien me siento bien y agradezco a la divinidad por cada día que pasa. Trato de recordar cómo estaba hace un año, cuando partí con este entrenamiento del lenguaje, las cosas que más me gustan son las declaraciones del lenguaje que hacen que nuestra realidad cambie.
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