DONDE ESTABA – DONDE ESTOY
- Este artículo fue enviado por Ricardo Testa, coacheé de Andrés Venegas, empresario gastronómico, esposo y padre de 3 hijos quien autorizó su publicación en este blog, para que otros conozcan su experiencia en el coaching -.
Hace un año y medio llegué a la oficina- estudio de Andrés Venegas, venia recomendado por mi siquiatra Benjamín Izeckson, con quien seguía un tratamiento por una supuesta depresión, causada por mi incapacidad de salir delante de una situación económica muy difícil y que me tenía con un estado de ánimo deplorable. La vida me pasaba y yo pasaba por la vida
El (mi siquiatra) después de un par de meses de asistir a sus sesiones me indicó que – por su experiencia y conocimientos- pensaba que yo no tenía ninguna enfermedad mental ni dificultades siquiátricas y lo que yo necesitaba era conversar con un profesional que me hiciera “Coaching”, fue la primera vez que escuchaba de eso y decidí confiar en su consejo.
Hoy, con la distancia y la perspectiva que da el tiempo, pienso que es uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida y me hizo entrar en un mundo desconocido pero fascinante, que le dio un giro dramáticamente positivo a mi vida.
Cuando inicié mis sesiones de conversación con Andres Venegas, “mi coach”, me invadían emociones tan negativas como el resentimiento y la frustración, y estaba resignado a que eso era parte de mi vida, lo que cargaba en mi mochila y llevaba a todas partes. Lo primero que me pidió fue un relato sobre mi vida, mis éxitos, mis fracasos, mis logros y mis perdidas.
Leer Todo¿Por qué voy a coaching?
Este es un artículo originalmente escrito por Emilio Filippi en su blog personal.
Siempre me ha llamado la atención, siguiendo la historia de amigos o conocidos, que en más de una oportunidad llega ese momento especial, particularmente difícil en la vida de una persona. Ese verdadero abismo (hice un post sobre el libro El Abismo de Seth Godin), que puede muchas veces inmovilizar, generar angustia y tener esa sensación de “cambio de piel” dolorosa, intensa.
La crisis de los 7 años de matrimonio, o la de los 40. La quiebra. La separación. Los duelos. Y la vida sigue. Pero ya no fluye como hasta ese punto. Llega ese momento donde realmente uno debe tomar decisiones importantes, cambiar ciertas prácticas. Como dijo Albert Einstein: “No podrás resolver los problemas que tienes hoy pensando de la misma manera que pensabas cuando los provocaste”.
La Soberbia
Pecado Capital
Uno de los principales y más nefastos enemigos del liderazgo en cualquier organización, y por supuesto, en la construcción del propio destino es creer que la tarea, la obligación profesional, la identidad personal de un gerente, un director o un ejecutivo de alto nivel es saber más que los demás, creer que el rol que se juega para la empresa o institución es dar siempre las verdaderas y únicas respuestas a todos los conflictos, a todos los desafíos y además hacer ésto desde la propia, exclusiva y original interpretación de la realidad, asentando su autoridad en la sabiduría iluminada del que todo lo sabe y a nadie necesita.
Así, se esconde una concepción primitiva del liderazgo, llena de inseguridades ancestrales, machistas y burdas que exige probar una y otra vez que para conducir a otros debo ser mejor que ellos en todos los ámbitos, desgastando a quien conduce en una tarea imposible y sin sentido.
La mayor parte de las veces, las personas que tienen este comportamiento caen con facilidad en la descalificación de su interlocutor, enrareciendo la conversación y la sana argumentación, con juicios tóxicos y conversaciones miserables. “No saben, son ignorantes, vienen de universidades de poco prestigio, los de regiones no saben nada. no entienden lo que pasa aquí en la capital, son jóvenes, ya están viejos, no hablan inglés” Interpretan las tareas de los otros como meras operaciones prácticas, restándole valor a cualquier aporte y alejando a la organización de su mayor riqueza, la inteligencia y la creación continua de conocimiento de su gente.
Así, sumidos en la ceguera de la soberbia, se somete a la organización y a sus equipos a conversaciones improductivas, que la desvían de su propósito trascendente de servicio y creación de valor, sin darse cuenta que la clave de su destino está en construir futuro, a partir de encontrarse en el presente con lo mejor de los otros.
Leer TodoY dale con el talento
En todas las personas existe talento y, tras él, un sinnúmero de destrezas y habilidades cuyo desarrollo nos puede hacer grandes.
Tan sólo ayer conversaba con Manuel, un brillante y exitoso empresario de Valparaíso con quien trabajo en temas de liderazgo, quien me hablaba del talento que tenía el menor de sus hijos, de apenas 15 años, admiraba su destreza en el manejo del computador, sobre todo en la composición de imágenes digitales y diseño de juegos electrónicos, siempre trataba de estimularlo pero por otro lado estaba profundamente preocupado por sus notas del colegio, allí no le iba muy bien, en la mayor parte de los contenidos tenía varias notas bajo los promedios de suficiencia, no se concentraba y no obtenía los logros esperados para él.
Juntos indagamos qué pasaba, por un lado, vimos su legítima preocupación por el futuro del chico. Manuel, creía sinceramente que a través de sus talentos su hijo podía crecer y llegar muy lejos, pero para ello tenía que preocuparse, cumplir con las obligaciones del colegio y desarrollar las materias importantes en las que el niño parecía no poner atención; es más, derechamente no se hacia responsable. Por ejemplo, me decía “tiene que aprender que las cosas cuestan, que no se dan de un día para otro, que hay que ser sistemático, que hay que concentrarse, que hay que cumplir con las metas y llegar al objetivo”
Lo invité a mirar (“a escuchar” decimos en el coaching) ese talento, a pasar mas allá del evidente virtuosismo del muchacho y juntos descubrimos con asombro y alegría que cuando se instalaba a digitalizar sus imágenes pasaba horas sumido en una profunda concentración, que en cada pieza que realizaba se preocupaba de cada detalle con obsesivo perfeccionismo, con paciencia se hacia cargo de cada espacio, equilibrando los colores, no descuidaba el dramatismo de cada figura y no daba por terminada la obra hasta estar seguro de que era excelente, y es más constatamos que cuando le quedaba como él quería se sentía calmado y feliz.
Allí estaban las habilidades que se necesitaban para potenciar el desarrollo de su hijo, habitaban dentro de él y aparecían desde lo mejor de sus condiciones, ahora sólo había que potenciarlas,
En todas las persona existen talentos: para hablar en público en unos, para escribir papers en otros, para diseñar estrategias o para llevarlas a la acción, para acoger o para fijar límites. No importa cual, hay que atreverse a mirarlos, a trabajar con ellos y a potenciar el camino de oportunidades que nos señalan.
Esa mañana, al finalizar la sesión, Manuel se sentía un poco más tranquilo y parecía más feliz.
Leer TodoConversaciones de futuro [el bambú esta ahí para que lo toque el viento]
Una de las cosas que más me sorprende en la práctica del coaching, es descubrir cuán amplio se vuelve el horizonte cuando logramos liberar nuestras conversaciones e instalamos nuestra mirada en el futuro.
Son tantas las veces que construimos interpretaciones de nuestro habitar en el mundo, que ni siquiera tienen sentido para nosotros mismos, interpretaciones pequeñas que instalamos como un cerco entre nosotros y la diversidad de posibilidades que el mundo nos ofrece.
Día tras día acumulamos un sin fin de conceptos aprendidos en un cada vez más lejano e irrecordable momento, en el que fueron legítimos y oportunos. Ahora son representanciones del mundo que no nos pertenecen, que nos duelen o nos agobian, y que, sin embargo, repetimos y hasta defendemos como si realmente constituyeran parte de nuestra identidad.
El proceso de desprenderse de las conversaciones que nos aprisionan y definen para nosotros límites estrechos de existencia, y además, la capacidad de instalarnos en conversaciones de futuro, no sólo son gestos de liberación, son en sí mismos actos de coraje y desapego a través de los cuales alineamos nuestro presente con la aventura vital de nuestros futuros posibles.
Leer TodoGestionar el éxito es posible
Dar un gran salto en nuestra capacidad de obtener resultados efectivos es, principalmente, un asunto de tomar acción, potenciar nuestras habilidades y talentos, así como transformar nuestras debilidades en fortalezas, así de fácil. La dificultad radica en que casi nunca tenemos claridad sobre cuáles son nuestros talentos y qué herramientas o metodologías están disponibles para su desarrollo.
Debemos reconocer que cuando nos preguntan sobre nuestros talentos o nuestras habilidades, no sabemos realmente qué responder y nos enredamos con una respuesta políticamente correcta o nos refugiamos en la descripción de alguna destreza o capacidad técnica aprehendida teóricamente en el mundo laboral o académico.
Pero la verdad es que en la vida real no estamos escuchando nuestras habilidades, no reconocemos nuestros talentos y muchas veces ignoramos aquellas cosas que nos definen, nos dan identidad ante los demás y nos permiten actuar en comunidad, o peor aún, le restamos el valor que realmente tienen.
Soy bueno para trabajar en equipo, soy ordenado, soy creativo, me manejo bien bajo presión, etcétera. Casi nunca estas aseveraciones son fundadas en nuestras prácticas reales y la mayor parte de las veces las decimos, o más bien las repetimos, porque son parte de lo que suponemos que los demás quieren escuchar.
Pareciera ser que medimos nuestras propias habilidades con una vara menor a los conocimientos especializados y sistemáticos, como si valoráramos más una ecuación aprendida en la universidad, totalmente inutilizada en nuestro desempeño laboral, que la capacidad de generar, por ejemplo, un buen ánimo organizacional, habilidad fundamental para el logro eficiente de objetivos.
Siempre valoramos y resaltamos a quienes que, con ayuda o por sus propios medios, son capaces de superar o controlar aquello que es considerado una debilidad, ponemos como ejemplo a aquel que logra contener su mal genio, al que vence una adicción, al que supera su timidez. Pero rara vez hablamos de aquellos que son capaces de potenciar y proyectar sus más naturales talentos y habilidades.
Escuchar al otro, colocarse al servicio, coordinar acciones, generar conversaciones virtuosas, sostener un propósito trascendente o habitar en la confianza, son algunos de los conceptos que comienzan a estar en boga en la alta gerencia y el empresariado de nuestro país, así como en las definiciones de un óptimo perfil laboral.
Aún así, muy pocas veces estos conceptos, estas prácticas, aparecen como requerimientos laborales de una empresa, o en la confección de un currículo, menos aún aparecen cuando llega la hora de valorar el desempeño profesional, o en la oferta de formación de un ejecutivo. De este modo nos cerramos a la posibilidad de potenciar el aprendizaje y el desarrollo de esos talentos y capacidades como respuesta oportuna y efectiva para la realización de objetivos y metas, y peor aún, perdemos la oportunidad de darle valor a nuestros emprendimientos.
Es en las personas y sólo en las personas donde habitan las habilidades de sostener o dar proyección a un proyecto, una empresa o a una misión, es la suma de su conocimiento especializado y sus talentos naturales lo que permite alcanzar el éxito. Esto, en medio de una sociedad cuyo paradigma actual es el cambio permanente, y la crisis el pan de cada día, es entonces una oportunidad fundamental, pues en medio del a incertidumbre y el desasosiego, el desarrollo de los talentos y capacidades innatas de las personas es un recurso estratégico de estabilidad y apoyo para la gestión del éxito y la construcción del futuro.
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