11 y 12 de Noviembre, II Conferencia Latinoamericana ICF

Estimados Amigos:
Deseo compartir con ustedes este evento de gran importancia para el mundo del coaching que se realizará en Chile.
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Siempre un acuerdo injusto será perjudicial tanto para quien lo ofrece como quien lo acepta

Cuantas veces, apremiados por la necesidad o el exceso de entusiasmo, hemos aceptado un trato que sabemos injusto o al menos insuficiente, esperanzados por la promesa de un beneficio futuro que nunca  llega y hemos terminado frustrados al no alcanzar nuestras aspiraciones o peor aún, sintiéndonos desvalorizados por un sueldo insuficiente o maltratados por una desmedida carga de trabajo. Con dolor confirmamos que la mayor parte de las veces que aceptamos un acuerdo desequilibrado la respuesta real no es mayor compromiso ni más productividad, si no muy por el contrario, ansiedad,  desgano y  falta compromiso y a fin de cuentas frustración y rabia, pues quien acepta cubrir necesidades concretas o expectativas futuras  con muchas promesas  y pocos pesos, no sólo se autoengaña si no que compromete a su entorno y atenta contra su propia credibilidad profesional.

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DONDE ESTABA – DONDE ESTOY

Ricardo Testa en Taller Outdoor de Coaching- Este artículo fue enviado por Ricardo Testa, coacheé de Andrés Venegas, empresario gastronómico, esposo y padre de 3 hijos quien autorizó su publicación en este blog, para que otros conozcan su experiencia en el coaching -.

Hace un año y medio llegué a la oficina- estudio de Andrés Venegas, venia recomendado por mi siquiatra  Benjamín Izeckson, con quien seguía un tratamiento por una supuesta depresión, causada por  mi incapacidad de salir delante de una situación económica muy difícil y que me tenía con un estado de ánimo deplorable. La vida me pasaba y yo pasaba por la vida

El (mi siquiatra) después de un par de meses de asistir a sus sesiones me indicó que – por su experiencia  y conocimientos-  pensaba que yo no tenía ninguna enfermedad  mental ni dificultades siquiátricas y lo que yo necesitaba era conversar con  un profesional que me hiciera “Coaching”, fue la primera vez que escuchaba  de eso  y  decidí confiar en su consejo.

Hoy, con la distancia y la perspectiva que da el tiempo, pienso que es uno de los mejores consejos que he recibido en mi vida y me hizo entrar en  un mundo desconocido pero fascinante,  que le dio un giro dramáticamente positivo a mi vida.

Cuando inicié mis sesiones de conversación con Andres Venegas,  “mi coach”,  me invadían emociones tan negativas como el resentimiento y la frustración, y estaba resignado a que eso era parte de mi vida, lo que cargaba en mi mochila y llevaba a todas partes. Lo primero que me pidió fue un relato sobre mi vida, mis éxitos, mis fracasos, mis logros y mis perdidas.

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¿Condenados por el éxito? o ¿Cómo hacerlo mal sin necesidad?

Los mejores liderazgos, los equipos más competentes, los compañeros más leales de un emprendimiento sucumbirán inevitablemente ante el agotamiento y la falta de reconocimiento, por ello, en las organizaciones comprometidas con el éxito se hace imprescindible gestionar equilibradamente los esfuerzos.

Quien se compromete obsesivamente con la meta sin considerar los talentos y las verdaderas capacidades de quienes lo acompañan en sus desafíos, está condenado al fracaso. Cuando una meta se cumple a costo del desgaste irracional del equipo de trabajo, celebraremos una vez, quizás dos o hasta tres veces, pero habremos hipotecado la cadena de éxitos, necesaria para sostener el futuro de la organización.

Los líderes de hoy saben o deben saber, que los horarios imposibles, los retos destemplados, las desoladoras angustias, las corrosivas sensaciones de fracaso que sufren los equipos de trabajo y sus conductores son casi siempre reflejo de un pedido inverosímil o desinformado, de una auto impuesta inflexibilidad o de la incapacidad personal de decir o aceptar un “no” responsable por respuesta. Así, como quien consume desmedidamente las horas y las fuerzas de una organización con el fin de alcanzar, sin importar los costos, las metas más inmediatas debe saber que está comprometiendo recursos que le pertenecen al futuro de su propio emprendimiento.

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Talentos de Invierno: Aquello que naturalmente hacemos bien.

Talentos de Invierno: Aquello que naturalmente hacemos bien

Cuando le pregunte a Valentina, joven socióloga chilena experta en competencias laborales, sobre aquello que realmente le haría sentirse una persona maravillosa, se perturbó notoriamente, la tristeza irrumpió en sus ojos y un silencio profundo la habitó de pies a cabeza, bajó la mirada por un instante interminable y luego, sin dejar de mirar el piso, dijo:

“Hace algunos años, antes de trabajar en el diseño y ejecución de políticas públicas, estuve empleada en una empresa donde trataba directamente con personas, podía ver sus rostros, conocía el nombre de aquellos a quienes servía, compartía con ellos sus logros, sus fracasos, entonces era enteramente feliz. En ese tiempo, las horas se me pasaban volando, de una u otra manera todo resultaba, me sentía bien, maravillosamente bien. Lo que más me gustaba era que con facilidad lograba la ayuda de las personas y juntos vencíamos desafíos que parecían imposibles. Sí, era buena en lo que hacía, cada esfuerzo, cada logro me hacía sentir una persona maravillosa.

Hoy, me gusta lo que hago, se que mi trabajo apunta a generar bienestar y es importante para las personas, se que lo hago bien, pero no se si era ésto lo que quería para mi: computador, teléfono, escritorio, reuniones, computador….decisiones teóricas, que inevitablemente siento diluirse en procesos interminables, echo de menos trabajar en cosa concretas, tareas en que pueda ver en el rostro de los otros los resultados de mi gestión”.

¿Sabes lo que realmente te haría sentir una persona maravillosa?.. volví a preguntar. “Si, claro que sé”, me dijo riendo, luego me abrazó cálidamente, me miró sonriendo y se fue.

Hace ya varios meses que Valentina fundó junto a otros compañeros su propia empresa de asesoría directa a personas.

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La Soberbia

Pecado Capital

Uno de los principales y más nefastos enemigos del liderazgo en cualquier organización, y por supuesto, en la construcción del propio destino es creer que la tarea, la obligación profesional, la identidad personal de un gerente, un director o un ejecutivo de alto nivel es saber más que los demás, creer que el rol que se juega para la empresa o institución es dar siempre las verdaderas y únicas respuestas a todos los conflictos, a todos los desafíos y además hacer ésto desde la propia, exclusiva y original interpretación de la realidad, asentando su autoridad en la sabiduría iluminada del que todo lo sabe y a nadie necesita.

Así, se esconde una concepción primitiva del liderazgo, llena de inseguridades ancestrales, machistas y burdas que exige probar una y otra vez que para conducir a otros debo ser mejor que ellos en todos los ámbitos, desgastando a quien conduce en una tarea imposible y sin sentido.

La mayor parte de las veces, las personas que tienen este comportamiento caen con facilidad en la descalificación de su interlocutor, enrareciendo la conversación y la sana argumentación, con juicios tóxicos y conversaciones miserables. “No saben, son ignorantes, vienen de universidades de poco prestigio, los de regiones no saben nada. no entienden lo que pasa aquí en la capital, son jóvenes, ya están viejos, no hablan inglés” Interpretan las tareas de los otros como meras operaciones prácticas, restándole valor a cualquier aporte y alejando a la organización de su mayor riqueza, la inteligencia y la creación continua de conocimiento de su gente.

Así, sumidos en la ceguera de la soberbia, se somete a la organización y a sus equipos a conversaciones improductivas, que la desvían de su propósito trascendente de servicio y creación de valor, sin darse cuenta que la clave de su destino está en construir futuro, a partir de encontrarse en el presente con lo mejor de los otros.

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