Gestión desde las personas: La empresa más allá del empresario.
Casi siempre los emprendimientos emergen desde un sueño, desde una idea, desde un chispazo creativo, que una persona, la mayor parte de las veces individualmente, lleva adelante. La capacidad de dar sustento a este sueño es sin duda uno de los pilares de su camino hacia la consolidación de un producto o una empresa. Con tesón, compromiso y, muchas veces, obsesión esa idea va trasformándose en relato, proyecto y acciones, cuya suma, lo aceptemos o no, es parte esencial de su destino.
Siempre podemos mirar este proceso desde los conceptos tradicionales y concentrarnos en glorificar el acto creativo en su más pura individualidad, como motor fundamental para conseguir el éxito del proceso de crear una empresa. Hoy celebramos con exceso y a mi juicio equivocadamente, el valor del empresario, del emprendedor, incluso del líder en cuanto individuo, centrando su potencia creadora en dicha individualidad, invisibilizando, sin darnos cuenta, la interacción vital con ese otro que acoge y que aporta la posibilidad de existencia y proyección para nuestros sueños.
Los productos, productos son, los servicios, servicios son, y tienen sentido en cuanto son sostenidos y proyectados al mercado a través de personas que se organizan para garantizarles un destino. A fin de cuentas el fin ultimo de todo emprendimiento, es llegar a otro que necesite y consuma aquello que se ofrece y eso solo es posible a partir del encadenamiento de interacciones humanas, es sobre esas interacciones que un emprendimiento puede constituirse en empresa, que un producto puede ser consumido, que un servicio puede ser prestado.
Todo impulso humano de creación, de construcción de realidad se constituye, también, en un otro que acoge, que se involucra y compromete con el producto y servicio que ofrecemos. Podemos imaginar y dar cuerpo al mejor y más útil, inteligente e ingenioso producto o servicio, pero si las personas no lo aceptan se perderán en el fracaso y el olvido, es más si no se crea una organización de personas que lo construya e instale en el mundo jamás llegará a destino.
No existe empresa ni producto si no existe interacción virtuosa entre personas, es más el éxito de cualquier emprendimiento, de cualquier empresa, de cualquier proyecto humano, depende de cómo esa interacción se constituya en los otros.
Sin embargo, rara vez celebramos esa interacción virtuosa en que un otro se compromete con mi sueño y me ayuda a potenciarlo, a hacerlo parte de la realidad, es más la mayor parte de las veces, menoscabamos y denigramos esa relación, reduciéndola a un interacción contractual, de mera funcionalidad comercial, en que suponemos que obtengo lo que quiero, solo por que pago por ello.
Muchos de los emprendimientos que se pierden, de las empresas que quiebran, de los equipos que fracasan llegan a ese destino porque no fueron capaces de gestionar desde las personas, de articular sus talentos, de considerarlos en cuanto tales, conformándose sólo con administrar los recursos “Humanos”. De esta manera las personas pasan a ser sólo empleados, funcionarios, clientes o proveedores y no seres luminosos, intensamente ricos en posibilidades, que al conectarse entre sí generan una red vital de acciones y encuentros, en el que en realidad puede realizarse el propósito que con tanto anhelo buscamos.
Leer TodoLa Soberbia
Pecado Capital
Uno de los principales y más nefastos enemigos del liderazgo en cualquier organización, y por supuesto, en la construcción del propio destino es creer que la tarea, la obligación profesional, la identidad personal de un gerente, un director o un ejecutivo de alto nivel es saber más que los demás, creer que el rol que se juega para la empresa o institución es dar siempre las verdaderas y únicas respuestas a todos los conflictos, a todos los desafíos y además hacer ésto desde la propia, exclusiva y original interpretación de la realidad, asentando su autoridad en la sabiduría iluminada del que todo lo sabe y a nadie necesita.
Así, se esconde una concepción primitiva del liderazgo, llena de inseguridades ancestrales, machistas y burdas que exige probar una y otra vez que para conducir a otros debo ser mejor que ellos en todos los ámbitos, desgastando a quien conduce en una tarea imposible y sin sentido.
La mayor parte de las veces, las personas que tienen este comportamiento caen con facilidad en la descalificación de su interlocutor, enrareciendo la conversación y la sana argumentación, con juicios tóxicos y conversaciones miserables. “No saben, son ignorantes, vienen de universidades de poco prestigio, los de regiones no saben nada. no entienden lo que pasa aquí en la capital, son jóvenes, ya están viejos, no hablan inglés” Interpretan las tareas de los otros como meras operaciones prácticas, restándole valor a cualquier aporte y alejando a la organización de su mayor riqueza, la inteligencia y la creación continua de conocimiento de su gente.
Así, sumidos en la ceguera de la soberbia, se somete a la organización y a sus equipos a conversaciones improductivas, que la desvían de su propósito trascendente de servicio y creación de valor, sin darse cuenta que la clave de su destino está en construir futuro, a partir de encontrarse en el presente con lo mejor de los otros.
Leer TodoY dale con el talento
En todas las personas existe talento y, tras él, un sinnúmero de destrezas y habilidades cuyo desarrollo nos puede hacer grandes.
Tan sólo ayer conversaba con Manuel, un brillante y exitoso empresario de Valparaíso con quien trabajo en temas de liderazgo, quien me hablaba del talento que tenía el menor de sus hijos, de apenas 15 años, admiraba su destreza en el manejo del computador, sobre todo en la composición de imágenes digitales y diseño de juegos electrónicos, siempre trataba de estimularlo pero por otro lado estaba profundamente preocupado por sus notas del colegio, allí no le iba muy bien, en la mayor parte de los contenidos tenía varias notas bajo los promedios de suficiencia, no se concentraba y no obtenía los logros esperados para él.
Juntos indagamos qué pasaba, por un lado, vimos su legítima preocupación por el futuro del chico. Manuel, creía sinceramente que a través de sus talentos su hijo podía crecer y llegar muy lejos, pero para ello tenía que preocuparse, cumplir con las obligaciones del colegio y desarrollar las materias importantes en las que el niño parecía no poner atención; es más, derechamente no se hacia responsable. Por ejemplo, me decía “tiene que aprender que las cosas cuestan, que no se dan de un día para otro, que hay que ser sistemático, que hay que concentrarse, que hay que cumplir con las metas y llegar al objetivo”
Lo invité a mirar (“a escuchar” decimos en el coaching) ese talento, a pasar mas allá del evidente virtuosismo del muchacho y juntos descubrimos con asombro y alegría que cuando se instalaba a digitalizar sus imágenes pasaba horas sumido en una profunda concentración, que en cada pieza que realizaba se preocupaba de cada detalle con obsesivo perfeccionismo, con paciencia se hacia cargo de cada espacio, equilibrando los colores, no descuidaba el dramatismo de cada figura y no daba por terminada la obra hasta estar seguro de que era excelente, y es más constatamos que cuando le quedaba como él quería se sentía calmado y feliz.
Allí estaban las habilidades que se necesitaban para potenciar el desarrollo de su hijo, habitaban dentro de él y aparecían desde lo mejor de sus condiciones, ahora sólo había que potenciarlas,
En todas las persona existen talentos: para hablar en público en unos, para escribir papers en otros, para diseñar estrategias o para llevarlas a la acción, para acoger o para fijar límites. No importa cual, hay que atreverse a mirarlos, a trabajar con ellos y a potenciar el camino de oportunidades que nos señalan.
Esa mañana, al finalizar la sesión, Manuel se sentía un poco más tranquilo y parecía más feliz.
Leer Todo¿Funcionarios o Servidores Públicos?
Abrir una pregunta que permita mirar profundamente la propia identidad es siempre, una posibilidad inmensa de encontrarnos con el porqué hacemos las cosas, con el sentido que tienen nuestros actos y nuestro lugar en la existencia.
¿Qué somos?, ¿Funcionarios o Servidores Públicos?
La pregunta resonó en la sala como si fuese un disparo, cortando de cuajo el rumor de las almas. Primero el silencio, luego la luz poderosa de la propia identidad haciéndose presnete, alineando su quehacer con el sentido de comunidad.
Servidores Públicos fue la única respuesta, sólida, inmensa, certera. Setenta personas miraron de frente con los ojos limpios, con un rostro común y un destino a compartir, setenta profesionales venidos de todas las regiones de Chile escucharon sus voces dando sentido a su existir, la sala lo supo de pronto, de una vez y para siempre.
Los presentes se definieron en el servicio al otro, allí dejaron de ser meros instrumentos de la burocracia institucional y se constituyeron, más allá de formularios, papeles u operaciones, en personas libres y orgullosas de estar al servicio de las necesidades de otras personas.
Ellos se transformaron en gigantes y yo tuve el privilegio de presenciarlo.
Taller Sence 2009.
(Con motivo de la realización de un taller de capacitación en las medidas presidenciales para la contención del desempleo en que participé como Coach relator.)
Desde las emociones es posible
Hace un par de semanas tuve el privilegio de desarrollar un taller de liderazgo y trabajo en equipo para un municipio del sur de Chile, centro del turismo nacional.
En la última elección de alcaldes, quienes habían sido opositores durante más de 30 años, llegaban por primera vez al gobierno de la comuna y buscaban dar un nuevo sentido a la gestión municipal e instalar nuevos modos de relacionarse con los ciudadanos.
El objetivo del nuevo liderazgo municipal al realizar este taller, era estimular la integración del equipo directivo del municipio, conformado ahora por personas de distinto “color político”, opositores entre sí y que en los primeros meses de gestión, ya habían manifestado de una forma u otra, sus diferencias y distancias. Además, chocaban no sólo las ideologías, sino también, las experiencias e interpretaciones del mundo, los modos de gestión y aspiraciones, chocaban aquí años de antagonismo, de heridas profundas y los más profundos y enquistados dolores.
Porque desde las emociones es posible.
Leer Todo