El Camino del Talento


El Camino del Talento (la transformación revolucionaria de la vida que viene).

Es cierto, el tema del talento en las personas como opción de crecimiento y desarrollo me obsesiona, y le doy, y le doy vueltas una y otra vez, porque estoy convencido de que es uno de los pilares fundamentales de la transformación revolucionaria de la vida que viene.

Durante siglos, hemos asociado el logro de nuestras metas, de nuestra seguridad personal, y de nuestra búsqueda de la excelencia, a la corrección y fortalecimiento de aquello que más nos cuesta, gastando enormes cantidades de tiempo y energía en mejorar aquello para lo que no somos buenos, sin embargo, rara vez dedicamos tiempo y rigor a potenciar aquello que naturalmente hacemos bien, todo nuestro equívoco sistema educacional se dedica a ello. Hemos uniformado lo que se debe estudiar y castigamos a aquellos que no aprenden con facilidad lo que les hemos impuesto, sin considerar siquiera su diversidad o reales capacidades individuales, nos concentramos en que aprendan temas y no en la expansión de las posibilidades y los talentos.

Se imaginan cómo sería todo, si de verdad invirtiéramos en el desarrollo de aquello para lo que realmente tenemos condiciones, aquello que realizamos con innata facilidad, aquello que al final de cuentas hacemos con agrado y nos distingue de los demás.

¿Se imaginan si Fernando González, el Chino Ríos, Neruda o la Mistral hubiesen concentrado sus mejores esfuerzos en aquello para lo que no eran buenos?

Cuando nos planteamos gestionar éxito, felicidad, realización para nosotros, nuestras familias, empresas o nuestros nuevos emprendimientos, considerar esta disyuntiva es fundamental.

(En respuesta al bello comentario realizado hace un tiempo por mi amigo Coach, Luis Saavedra, hoy día en NY)

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¿Qué les está faltando a los líderes hoy día?

Qué les está faltando a los líderes hoy día

Estimados amigos, quisiera compartir con ustedes una cita sobre liderazgo realizada por Deepak Chopra, publicada en The Seminarium Letter, en el mes de mayo del presente año, la cual guarda relación con algunas de las conversaciones que juntos estamos llevando en este blog.

Ante la pregunta ¿Qué les está faltando a los líderes hoy día?, él señala lo siguiente:

“Desafortunadamente, en la actualidad los líderes han estado enfocados en el tráfico de poder, en la venta de influencias y en la corrupción…

…Lo que les está faltando es el ingrediente más importante, que es el deseo profundo de servir…

Necesitan estar profundamente motivados, pero no por el ego, sino, por la ambición de construir y crear.”

Dejar atrás la concepción de que el liderazgo es una cualidad individual, donde una persona se transforma sólo por sus propias habilidades en un conductor iluminado de los destino de una colectividad, no es sólo un error conceptual, sino también, el anuncio de una tragedia comercial y/o productiva.

Hoy, las organizaciones se cosntituyen a partir de estructuras organizacionales cada vez más horizontales y abiertas, su liderazgo depende, entonces, de la comunión de los talentos de todos aquellos que participan de la organización.

No hay liderazgo posible si no existe otro que te permita ejercer dicho liderazgo, otro que, libre y voluntariamente te acompañe, te de autoridad y decida compartir tu y su destino.

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¿Funcionarios o Servidores Públicos?

Abrir una pregunta que permita mirar profundamente la propia identidad es siempre, una posibilidad inmensa de encontrarnos con el porqué hacemos las cosas, con el sentido que tienen nuestros actos y nuestro lugar en la existencia.

¿Qué somos?, ¿Funcionarios o Servidores Públicos?

La pregunta resonó en la sala como si fuese un disparo, cortando de cuajo el rumor de las almas. Primero el silencio, luego la luz poderosa de la propia identidad haciéndose presnete, alineando su quehacer con el sentido de comunidad.

Servidores Públicos fue la única respuesta, sólida, inmensa, certera. Setenta personas miraron de frente con los ojos limpios, con un rostro común y un destino a compartir, setenta profesionales venidos de todas las regiones de Chile escucharon sus voces dando sentido a su existir, la sala lo supo de pronto, de una vez y para siempre.

Los presentes se definieron en el servicio al otro, allí dejaron de ser meros instrumentos de la burocracia institucional y se constituyeron, más allá de formularios, papeles u operaciones, en personas libres y orgullosas de estar al servicio de las necesidades de otras personas.

Ellos se transformaron en gigantes y yo tuve el privilegio de presenciarlo.

Taller Sence 2009.
(Con motivo de la realización de un taller de capacitación en las medidas presidenciales para la contención del desempleo en que participé como Coach relator.)

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El liderazgo no es un don, es una herramienta para obtener resultados

Siempre se asocia el liderazgo con la capacidad de un individuo para conducir a otros y lograr que las cosas sucedan, y es cierto, cuando presenciamos estos acontecimientos estamos ante la concreción del objetivo esencial del liderazgo. Sin embargo, el liderazgo en sí no es un don que podamos encontrar per se en un individuo, no viene con los genes particulares de nadie, y se equivocan profundamente aquellos que pretenden encontrarlo en un tipo determinado de persona o tipificar su estructura a partir de las características especiales de alguien. Es más, estas definiciones alejan a las personas de su uso como herramienta para alcanzar resultados.

Hoy, cuando las organizaciones productivas de toda índole comienzan a aceptar que sus logros, sus metas, y sus propósitos trascendentes están directamente asociados a las potencialidades de todas y cada una de las personas que conforman su comunidad, entender eso es algo realmente fundamental.

Intentar alcanzar objetivos a partir de visiones mesiánicas, o de la imposición de un destino a partir de instrucciones que no integren, reconozcan u ofrezcan sentido a las potencialidades de los integrantes de un equipo, no es solamente primitivo y torpe, es simplemente condenar de antemano dichos objetivos a productividades exiguas o definitivamente al fracaso.

El liderazgo se realiza como tal en comunidad y se funda en la relación con los otros, en el mundo de hoy, donde la información y el conocimiento están cada día más a disposición de la sociedad, no hay posibilidad democrática de conducir a alguien, de llevarlo a una determinada meta, si esta persona o grupo no acepta ser conducido.

Las organizaciones productivas deben atreverse a dejar atrás las concepciones arcaicas del liderazgo, que centran su accionar en esfuerzos individuales de conducción, expandiendo sus posibilidades hacia la relación fecunda de los individuos en el encuentro vital de las personas en un compromiso libremente adquirido, el cual, se construye en una fuerza propulsora de productividad y éxito.

Entender el liderazgo, entonces, como una herramienta que funda la interacción fecunda entre las personas permite, por un lado, democratizar su uso, así como también, reconocerlo en cada itinerario de desarrollo personal, como una posibilidad de aprendizaje y crecimiento.

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