Gestionar el éxito es posible

Dar un gran salto en nuestra capacidad de obtener resultados efectivos es, principalmente, un asunto de tomar acción, potenciar nuestras habilidades y talentos, así como transformar nuestras debilidades en fortalezas, así de fácil. La dificultad radica en que casi nunca tenemos claridad sobre cuáles son nuestros talentos y qué herramientas o metodologías están disponibles para su desarrollo.

Debemos reconocer que cuando nos preguntan sobre nuestros talentos o nuestras habilidades, no sabemos realmente qué responder y nos enredamos con una respuesta políticamente correcta o nos refugiamos en la descripción de alguna destreza o capacidad técnica aprehendida teóricamente en el mundo laboral o académico.

Pero la verdad es que en la vida real no estamos escuchando nuestras habilidades, no reconocemos nuestros talentos y muchas veces ignoramos aquellas cosas que nos definen, nos dan identidad ante los demás y nos permiten actuar en comunidad, o peor aún, le restamos el valor que realmente tienen.

Soy bueno para trabajar en equipo, soy ordenado, soy creativo, me manejo bien bajo presión, etcétera. Casi nunca estas aseveraciones son fundadas en nuestras prácticas reales y la mayor parte de las veces las decimos, o más bien las repetimos, porque son parte de lo que suponemos que los demás quieren escuchar.

Pareciera ser que medimos nuestras propias habilidades con una vara menor a los conocimientos especializados y sistemáticos, como si valoráramos más una ecuación aprendida en la universidad, totalmente inutilizada en nuestro desempeño laboral, que la capacidad de generar, por ejemplo, un buen ánimo organizacional, habilidad fundamental para el logro eficiente de objetivos.

Siempre valoramos y resaltamos a quienes que, con ayuda o por sus propios medios, son capaces de superar o controlar aquello que es considerado una debilidad, ponemos como ejemplo a aquel que logra contener su mal genio, al que vence una adicción, al que supera su timidez. Pero rara vez hablamos de aquellos que son capaces de potenciar y proyectar sus más naturales talentos y habilidades.

Escuchar al otro, colocarse al servicio, coordinar acciones, generar conversaciones virtuosas, sostener un propósito trascendente o habitar en la confianza, son algunos de los conceptos que comienzan a estar en boga en la alta gerencia y el empresariado de nuestro país, así como en las definiciones de un óptimo perfil laboral.

Aún así, muy pocas veces estos conceptos, estas prácticas, aparecen como requerimientos laborales de una empresa, o en la confección de un currículo, menos aún aparecen cuando llega la hora de valorar el desempeño profesional, o en la oferta de formación de un ejecutivo. De este modo nos cerramos a la posibilidad de potenciar el aprendizaje y el desarrollo de esos talentos y capacidades como respuesta oportuna y efectiva para la realización de objetivos y metas, y peor aún, perdemos la oportunidad de darle valor a nuestros emprendimientos.

Es en las personas y sólo en las personas donde habitan las habilidades de sostener o dar proyección a un proyecto, una empresa o a una misión, es la suma de su conocimiento especializado y sus talentos naturales lo que permite alcanzar el éxito. Esto, en medio de una sociedad cuyo paradigma actual es el cambio permanente, y la crisis el pan de cada día, es entonces una oportunidad fundamental, pues en medio del a incertidumbre y el desasosiego, el desarrollo de los talentos y capacidades innatas de las personas es un recurso estratégico de estabilidad y apoyo para la gestión del éxito y la construcción del futuro.

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