Desde las emociones es posible

Hace un par de semanas tuve el privilegio de desarrollar un taller de liderazgo y trabajo en equipo para un municipio del sur de Chile, centro del turismo nacional.

En la última elección de alcaldes, quienes habían sido opositores durante más de 30 años, llegaban por primera vez al gobierno de la comuna y buscaban dar un nuevo sentido a la gestión municipal e instalar nuevos modos de relacionarse con los ciudadanos.

El objetivo del nuevo liderazgo municipal al realizar este taller, era estimular la integración del equipo directivo del municipio, conformado ahora por personas de distinto “color político”, opositores entre sí y que en los primeros meses de gestión, ya habían manifestado de una forma u otra, sus diferencias y distancias. Además, chocaban no sólo las ideologías, sino también, las experiencias e interpretaciones del mundo, los modos de gestión y aspiraciones, chocaban aquí años de antagonismo, de heridas profundas y los más profundos y enquistados dolores.

Porque desde las emociones es posible.

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En el principio también fueron las emociones

Las Emociones.
El miedo, la ira, la tristeza, la alegría, el amor.
Emocionar es el fluir cotidiano de una emoción a otra.

Crom, corría por la estepa con tranco decidido y pesado, la espalda aunque encorvada no reflejaba cansancio si no mas bien un gesto que denotaba el esfuerzo por mantenerse erguido, de tanto en tanto sus manos se apoyaban el suelo, ojos y nariz se confundían en la búsqueda de la presa, su persecución terminaría bien si mantenía el ritmo y era capaz de alcanzar al animal con los guijarros que cargaba, llevaba horas tras un jabalí inmenso y negro que a ratos parecía volverse invisible.

El aire cada vez mas frió anunciaba la noche, el sol comenzaba a ocultarse, aún cuando lograra alcanzar a la bestia ya no volvería a la caverna, esta sensación de inmediato pareció intimidarle, su paso se hizo automáticamente mas lento, pero un fuerte dolor en el estomago le recordó dolorosamente que no podía ceder, hace mas de cuatro días que no comía hasta ahora solo se había alimentado de cortezas y agua, el hambre, el cansancio, el dolor de sus músculos agarrotado se transformaron en enojo el enojo apretó su mandíbula y entrecerró los ojos, inhalo y exhalo por la boca en pequeñas bocanadas sin separar los dientes, no podía ceder, esa maldita bestia sería su alimento, aceleró el paso y siguió corriendo.

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