¿Por qué voy a coaching?

Este es un artículo originalmente escrito por Emilio Filippi en su blog personal.

Siempre me ha llamado la atención, siguiendo la historia de amigos o conocidos, que en más de una oportunidad llega ese momento especial, particularmente difícil en la vida de una persona. Ese verdadero abismo (hice un post sobre el libro El Abismo de Seth Godin), que puede muchas veces inmovilizar, generar angustia y tener esa sensación de “cambio de piel” dolorosa, intensa.

La crisis de los 7 años de matrimonio, o la de los 40. La quiebra. La separación. Los duelos. Y la vida sigue. Pero ya no fluye como hasta ese punto. Llega ese momento donde realmente uno debe tomar decisiones importantes, cambiar ciertas prácticas. Como dijo Albert Einstein: “No podrás resolver los problemas que tienes hoy pensando de la misma manera que pensabas cuando los provocaste”.

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Y dale con el talento

En todas las personas existe talento y, tras él, un sinnúmero de destrezas y habilidades cuyo desarrollo nos puede hacer grandes.

Tan sólo ayer conversaba con Manuel, un brillante y exitoso empresario de Valparaíso con quien trabajo en temas de liderazgo, quien me hablaba del talento que tenía el menor de sus hijos, de apenas 15 años, admiraba su destreza en el manejo del computador, sobre todo en la composición de imágenes digitales y diseño de juegos electrónicos, siempre trataba de estimularlo pero por otro lado estaba profundamente preocupado por sus notas del colegio, allí no le iba muy bien, en la mayor parte de los contenidos tenía varias notas bajo los promedios de suficiencia, no se concentraba y no obtenía los logros esperados para él.

Juntos indagamos qué pasaba, por un lado, vimos su legítima preocupación por el futuro del chico. Manuel, creía sinceramente que a través de sus talentos su hijo podía crecer y llegar muy lejos, pero para ello tenía que preocuparse, cumplir con las obligaciones del colegio y desarrollar las materias importantes en las que el niño parecía no poner atención; es más, derechamente no se hacia responsable. Por ejemplo, me decía “tiene que aprender que las cosas cuestan, que no se dan de un día para otro, que hay que ser sistemático, que hay que concentrarse, que hay que cumplir con las metas y llegar al objetivo”

Lo invité a mirar (“a escuchar” decimos en el coaching) ese talento, a pasar mas allá del evidente virtuosismo del muchacho y juntos descubrimos con asombro y alegría que cuando se instalaba a digitalizar sus imágenes pasaba horas sumido en una profunda concentración, que en cada pieza que realizaba se preocupaba de cada detalle con obsesivo perfeccionismo, con paciencia se hacia cargo de cada espacio, equilibrando los colores, no descuidaba el dramatismo de cada figura y no daba por terminada la obra hasta estar seguro de que era excelente, y es más constatamos que cuando le quedaba como él quería se sentía calmado y feliz.

Allí estaban las habilidades que se necesitaban para potenciar el desarrollo de su hijo, habitaban dentro de él y aparecían desde lo mejor de sus condiciones, ahora sólo había que potenciarlas,

En todas las persona existen talentos: para hablar en público en unos, para escribir papers en otros, para diseñar estrategias o para llevarlas a la acción, para acoger o para fijar límites. No importa cual, hay que atreverse a mirarlos, a trabajar con ellos y a potenciar el camino de oportunidades que nos señalan.

Esa mañana, al finalizar la sesión, Manuel se sentía un poco más tranquilo y parecía más feliz.

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El Camino del Talento


El Camino del Talento (la transformación revolucionaria de la vida que viene).

Es cierto, el tema del talento en las personas como opción de crecimiento y desarrollo me obsesiona, y le doy, y le doy vueltas una y otra vez, porque estoy convencido de que es uno de los pilares fundamentales de la transformación revolucionaria de la vida que viene.

Durante siglos, hemos asociado el logro de nuestras metas, de nuestra seguridad personal, y de nuestra búsqueda de la excelencia, a la corrección y fortalecimiento de aquello que más nos cuesta, gastando enormes cantidades de tiempo y energía en mejorar aquello para lo que no somos buenos, sin embargo, rara vez dedicamos tiempo y rigor a potenciar aquello que naturalmente hacemos bien, todo nuestro equívoco sistema educacional se dedica a ello. Hemos uniformado lo que se debe estudiar y castigamos a aquellos que no aprenden con facilidad lo que les hemos impuesto, sin considerar siquiera su diversidad o reales capacidades individuales, nos concentramos en que aprendan temas y no en la expansión de las posibilidades y los talentos.

Se imaginan cómo sería todo, si de verdad invirtiéramos en el desarrollo de aquello para lo que realmente tenemos condiciones, aquello que realizamos con innata facilidad, aquello que al final de cuentas hacemos con agrado y nos distingue de los demás.

¿Se imaginan si Fernando González, el Chino Ríos, Neruda o la Mistral hubiesen concentrado sus mejores esfuerzos en aquello para lo que no eran buenos?

Cuando nos planteamos gestionar éxito, felicidad, realización para nosotros, nuestras familias, empresas o nuestros nuevos emprendimientos, considerar esta disyuntiva es fundamental.

(En respuesta al bello comentario realizado hace un tiempo por mi amigo Coach, Luis Saavedra, hoy día en NY)

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