Talentos de Invierno: Aquello que naturalmente hacemos bien.

Talentos de Invierno: Aquello que naturalmente hacemos bien

Cuando le pregunte a Valentina, joven socióloga chilena experta en competencias laborales, sobre aquello que realmente le haría sentirse una persona maravillosa, se perturbó notoriamente, la tristeza irrumpió en sus ojos y un silencio profundo la habitó de pies a cabeza, bajó la mirada por un instante interminable y luego, sin dejar de mirar el piso, dijo:

“Hace algunos años, antes de trabajar en el diseño y ejecución de políticas públicas, estuve empleada en una empresa donde trataba directamente con personas, podía ver sus rostros, conocía el nombre de aquellos a quienes servía, compartía con ellos sus logros, sus fracasos, entonces era enteramente feliz. En ese tiempo, las horas se me pasaban volando, de una u otra manera todo resultaba, me sentía bien, maravillosamente bien. Lo que más me gustaba era que con facilidad lograba la ayuda de las personas y juntos vencíamos desafíos que parecían imposibles. Sí, era buena en lo que hacía, cada esfuerzo, cada logro me hacía sentir una persona maravillosa.

Hoy, me gusta lo que hago, se que mi trabajo apunta a generar bienestar y es importante para las personas, se que lo hago bien, pero no se si era ésto lo que quería para mi: computador, teléfono, escritorio, reuniones, computador….decisiones teóricas, que inevitablemente siento diluirse en procesos interminables, echo de menos trabajar en cosa concretas, tareas en que pueda ver en el rostro de los otros los resultados de mi gestión”.

¿Sabes lo que realmente te haría sentir una persona maravillosa?.. volví a preguntar. “Si, claro que sé”, me dijo riendo, luego me abrazó cálidamente, me miró sonriendo y se fue.

Hace ya varios meses que Valentina fundó junto a otros compañeros su propia empresa de asesoría directa a personas.

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El Camino del Talento


El Camino del Talento (la transformación revolucionaria de la vida que viene).

Es cierto, el tema del talento en las personas como opción de crecimiento y desarrollo me obsesiona, y le doy, y le doy vueltas una y otra vez, porque estoy convencido de que es uno de los pilares fundamentales de la transformación revolucionaria de la vida que viene.

Durante siglos, hemos asociado el logro de nuestras metas, de nuestra seguridad personal, y de nuestra búsqueda de la excelencia, a la corrección y fortalecimiento de aquello que más nos cuesta, gastando enormes cantidades de tiempo y energía en mejorar aquello para lo que no somos buenos, sin embargo, rara vez dedicamos tiempo y rigor a potenciar aquello que naturalmente hacemos bien, todo nuestro equívoco sistema educacional se dedica a ello. Hemos uniformado lo que se debe estudiar y castigamos a aquellos que no aprenden con facilidad lo que les hemos impuesto, sin considerar siquiera su diversidad o reales capacidades individuales, nos concentramos en que aprendan temas y no en la expansión de las posibilidades y los talentos.

Se imaginan cómo sería todo, si de verdad invirtiéramos en el desarrollo de aquello para lo que realmente tenemos condiciones, aquello que realizamos con innata facilidad, aquello que al final de cuentas hacemos con agrado y nos distingue de los demás.

¿Se imaginan si Fernando González, el Chino Ríos, Neruda o la Mistral hubiesen concentrado sus mejores esfuerzos en aquello para lo que no eran buenos?

Cuando nos planteamos gestionar éxito, felicidad, realización para nosotros, nuestras familias, empresas o nuestros nuevos emprendimientos, considerar esta disyuntiva es fundamental.

(En respuesta al bello comentario realizado hace un tiempo por mi amigo Coach, Luis Saavedra, hoy día en NY)

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