El Ser del Coaching

Durante mucho tiempo, cada vez que me preguntaban ¿y tú, qué haces? Inquiriendo sobre mi quehacer laboral, una profunda inquietud me embargaba, pues mi respuesta: soy Coach Ontológico, me remitía a una larga perorata sobre lo que es el coaching, su historia o sus aplicaciones, la mayor parte de las veces pretendía que mi explicación fuese lo más congruente posible con las definiciones aprehendidas durante mi formación, o con los conceptos académicos en boga. Me gusta estudiar y me encanta lo que hago, así que casi siempre tenía mucho que decir, sin embargo, debo reconocer que la mayor parte de las veces la conversación cerraba con un “ah… que interesante”.

Uno de los problemas que logré percibir en mi respuesta, era que por un camino u otro terminaba hablando de mi, de mis competencias o de cuánto me complacía hacer lo que hago, y es cierto, llevar a cabo mi trabajo es algo que me llena de gozo, pero la verdad eso no explica mucho, pues la importancia y trascendencia de lo que hace un coach no radica en él, sino en la realización del otro.

Dijo una vez, uno de mis Coachees: 

“El saber no está en el maestro, sino, en la belleza que siempre habita en el aprendiz” 

Hoy en día, me gusta decir que mi trabajo, mi quehacer en el mundo productivo, es colaborar con las personas e instituciones ayudándoles a identificar y desarrollar sus talentos como herramientas fundamentales para alcanzar sus metas y objetivos. Para lograr esto, me apoyo en el coaching ontológico: metodología que permite a las personas mirar en sí mismos y en los otros; y observar desde donde hacen lo que hacen, desde donde dicen lo que dicen, desde donde sienten lo que sienten. Este ejercicio de sentido e humanidad permite reconocer en uno mismo la potencialidad de las propias fortalezas y debilidades, en comunión con las de los demás e iniciar de esa forma, un camino de acción y encuentro con el propio lugar en la comunidad.

De esta manera, ser una herramienta para que otros encuentren sus tesoros, me define como Coach Ontológico y de a poco, también como persona.

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A pesar de todo tu talento florece

Como ya se habrán dado cuenta, me gusta  hablar de talento, pues ello me permite hablar con facilidad de las competencias maravillosas de los otros.
Es cierto que en el mundo laboral muchas veces sentimos que el quehacer cotidiano no nos deja mostrar todo aquello que podemos dar desde nuestro ser individuos, de lo que podemos aportar más allá de nuestras obligaciones y de todo aquello de lo que somos capaces.  Es cierto que sin darnos cuenta olvidamos que cada cosa que hacemos nos muestra en plena integridad y que a pesar de nuestros comportamientos nocivos, nuestra humanidad nos desborda y se abré pasó.  Así, aun sin darnos cuenta escuchamos atentamente a un compañero, saludamos de buen modo o damos nuestra opinión sincera, sonriendo oportunamente, dejando las quejas de siempre y las conversaciones miserables atrás, permitiendo que nuestras habilidades estratégicas afloren y se pongan al servicio no sólo de nuestra propia productividad, si no también la de nuestros compañeros.

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